Accidentado cabaret light

Denoke, en una foto de archivo
Denoke, en una foto de archivo

Angela Denoke
Obras de Hollaender, Kreuder, Weill, Mackeben, Heymann, Kaper, etc. Angela Denoke, soprano. T. Balshai, piano. L.Roder, contrabajo. M.Griener, percusión. N.Nagel, saxofón. Teatro Real. Madrid, 15-X-2010.

Acusado contraste, un día por en medio, entre el concierto de la italiana Cecilia Bartoli, con sus circenses pirotecnias vocales, y el de la alemana Angela Denoke interpretando canciones de los años 30. El primero sin duda con mucha más satisfacción de un público que llenó el teatro, mientras que en el segundo no alcanzó a completarse el aforo y sobrevoló un cierto distanciamiento que sólo se rompió al final.
Gerard Mortier quiso formar parte del programa como presentador ante una puesta en escena que incluía dos sillones y una mesita con una cubitera. Desde allí intentó en vano dirigirse a unos espectadores que no le entendían, en parte por fallos de sonido y en parte porque su castellano está lejos de ser suficiente para una experiencia de este tipo.

Mayor desgarro
Hubo tantas protestas sin que él lograse comprender los motivos- que tuvo que renunciar a presentar la segunda parte. Angela Denoke, a quien ya hemos admirado en «Tannhauser», «Wozzek» o «El caso Macropulos», lució una voz que muchas opiniones en la sala calificaban de «bonita». Muy cierto, pero el problema es que al igual que Giuseppe Verdi no escribió su Lady Macbeth para una voz bonita, tampoco Hollander o Weill lo hicieron. Este repertorio precisa voces más oscuras, mayor desgarro en la interpretación y una puesta en escena «ad hoc».

Inmaculadamente limpias
Las versiones de Denoke resultaron tan controladas e inmaculadamente limpias que ella, en voz y escena, parecía lo que los italianos denominan una «ragazza d'aqua e sapone». Sólo en «Peter» de Nelson, ya en la mitad de la segunda parte, se arrancó con la intensidad requerida y sólo en la última estrofa de «Nur nicht aus Liebe weinen» de Mackeben salió de las medias voces para lograr finalmente romper el hielo del auditorio.
Este repertorio demanda artistas como Lemperer o Milva que, además de las voces adecuadas, acudan a un maestro de escena que las guíe. Sonríanse, pero lo de Denoke con el cabaret fue como escuchar a Ainhoa Arteta en un concierto de coplas aunque, eso sí, estuvo estupendamente acompañada por el grupo.