Setenta muertos por la represión del régimen sirio

Ni siquiera el comienzo del mes sagrado del Ramadán ni las crecientes presiones internacionales han detenido la brutal represión del régimen sirio. Su Ejército lanzó ayer una operación contra la ciudad de Deir El Zur, en el este del país, en la que habrían muerto unas 50 personas, según grupos pro derechos humanos y activistas.

Imagen de la manifestación de ayer en Madrid
Imagen de la manifestación de ayer en Madrid

Los tanques también entraron en la localidad de Hula, en la provincia central de Homs, y las Fuerzas de Seguridad dispararon contra un cortejo fúnebre en Idlib (noroeste). En total, las víctimas podrían ser hasta 70 en todo el país, sólo en el día de ayer, después de una primera semana de Ramadán sangrienta, especialmente en la ciudad de Hama, que lleva desde principios de agosto incomunicada, sin agua ni electricidad, y donde se cree que podrían haber sido abatidos hasta 300 manifestantes en siete días. Los medios de comunicación siguen sin poder acceder al país, pero las imágenes y cifras que salen de Siria son espeluznantes y ya nadie puede ignorarlas.

Los «hermanos» árabes han reaccionado finalmente: los países del Golfo Pérsico condenaron la violencia y la Liga Árabe tuvo que pronunciarse por segunda vez en cinco meses, en los que habrían fallecido ya más de 2.000 personas. El presidente sirio, Bachar al Asad, finge ignorar tanto a los amigos como a los enemigos, pero el sábado se vio obligado a coger el teléfono al Secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, que intentaba desde el mes de mayo hablar con él sin obtener respuesta.

Ban pidió a Asad que detenga las operaciones militares contra los civiles, remarcando el mensaje del Consejo de Seguridad, que la pasada semana alcanzó una condenado unánime contra su régimen. Rusia, con derecho a veto y la única potencia aliada de Damasco, empieza a distanciarse de Asad, abriendo la posibilidad de una respuesta internacional compacta.

Pese a todo, el Gobierno sirio mantiene su estrategia: promete reformas democráticas, mientras las Fuerzas Armadas masacran a su pueblo, que no pierde la esperanza ni el sentido del humor. Durante este mes sagrado en el que los musulmanes no comen ni beben durante todo el día, los sirios advierten de que no se puede romper el ayuno cada vez que se oye el disparo de un cañón, tal y como marca la tradición, según la cual un cañonazo al atardecer indicaba a los fieles cuando podían comer y que ahora no dejan de sonar a todas horas.


Manifestación en Madrid
Decenas de sirios residentes en España se concentraron ayer en Madrid frente a la Embajada de Siria en apoyo de la lucha de su pueblo y pidieron al Gobierno español que expulse al embajador. Con camisetas en la que se leía el mensaje «Libertad para Siria» se han congregado para denunciar una situación para la que no tienen palabras, lamentó Laila, ciudadana siria, y criticar el «silencio mundial» ante las matanzas del régimen.