La excepción cultural

La Razón
La RazónLa Razón

Se ignora si coincidiendo con la capitalidad cultural de San Sebastián 2016, los etarras tendrán sus museos del traje, oleos de gudaris en deportivas y una exposición fotográfica de los años salvajes de kale borroka. Esta designación con la que han sido ungidos los de Bildu es una coartada para legitimar que lo que hubo, ha habido y hay en el norte es un conflicto, con héroes o asesinos, según se mire. Y servirá para proyectar internacionalmente la versión relativista de la Historia que han posibilitado los Gobiernos de Zapatero. San Sebastián, en ese año y durante los preparativos, podrá «pasar a limpio», renglón a renglón, lo que ha pasado durante las últimas décadas: presuntamente que un Estado opresor no reconocía los derechos legítimos de un pueblo sabio, obligándolo a vivir en el bandolerismo y en la resistencia. La matraca del conflicto. Y los muertos, enterrados. La cultura, que es turbulencia sosegada, ofrece legitimidad y prestigio y homologa la Historia. Una vez que los jueces españoles –el Tribunal Constitucional- han testado el ADN democrático de aquellos que no han condenado la violencia, éstos tienen barra libre para moldear los nuevos tiempos. Y desde ahí, desde los nuevos tiempos explicarnos a todos cuán confundidos estábamos al llamar terroristas a aquellos que luchaban por su patria. Rehabilitados por el poder, los batasunos nos van a explicar qué es cultura.