La línea Deseo pasa por Madrid

Vicky Peña, Ariadna Gil y Roberto Álamo se suben en el Español a «Un tranvía llamado deseo», el vehículo más famoso de Tennessee Williams que esta vez dirige Mario Gas.

Alta tensión: Vicky Peña y Roberto Álamo, en una de las escenas de «Un tranvía llamado deseo»
Alta tensión: Vicky Peña y Roberto Álamo, en una de las escenas de «Un tranvía llamado deseo»

Cuando Tennessee Williams escribió, en 1947, «Un tranvía llamado deseo», no sólo logró la que está considerada su obra maestra, sino que encerró en un puñado de líneas que ganarían el Pulitzer un compendio de las cosas que le hacían escribir y le ocupaban. En la turbulenta relación de cuñados mal avenidos aunque poderosamente atraídos que se traen Blanche du Bois y Stanley Kowalski –o una mujer incapaz de asumir un presente decadente y un hombre que es puro y rudo instinto animal– están temas como la homosexualidad en una sociedad que la ocultaba (el primer marido de Blanche), la lucha de clases (el orgullo de Kowalski), la pasión imprevista (la que siente Blanche por el marido de su hermana Stella) y hasta los problemas mentales, que persiguieron la biografía de Williams. El texto, uno de los más representados del autor, llega a Madrid en una nueva apuesta que dirige Mario Gas y con un reparto de excepción: Vicky Peña como la extraviada Blanche, Ariadna Gil como la «mosquita muerta» Stella, Roberto Álamo como Kowalski –el actor de Animalario acaparó titulares en «Urtain» y parece en crecimiento constante– y Álex Casanovas, un viejo conocido de Mario Gas recuperado para el papel de Mitch. Anabel Moreno, Alberto Iglesias, Pietro Olivera y Mariana Cordero entre otros los acompañan en una versión que ha contado con adaptación del dramaturgo José Luis Miranda. LA RAZÓN sentó a las «hermanas Du Bois» frente a frente para charlar con ellas sobre este montaje.

Cuenta Vicky Peña que «es necesario empatizar con tu personaje. Hay que hacerlo con cualquiera que hagas. Pero lo difícil no es entenderlo, sino interpretarlo, encontrar sus signos y significados», y Gil asegura que ella encuentra a los personajes de la pieza «complejos, llenos de contradicciones, y hay que intentar llegar a todas. Haces la función continuamente, y te vas percatando de detalles que a lo mejor no habías visto». Así son Blanche y Stella, cajas de Pandora repletas de sorpresas, como todo el universo de Williams.

Personajes complejos

Un mundo que, lejos de limitarse al entorno sureño de la Nueva Orleans urbana y asfixiante que retrató el autor –el título de la obra remite a la línea que pasa junto a la casa de Stella y Stanley, en una zona marginal–, podría estar hoy y aquí. «Nueva Orleans no está tan lejos de Madrid», convienen ambas actrices. «Podría ser cualquier sitio del extrarradio, y ella, una señora venida a menos, y él, un inmigrante marroquí, y podría ocurrir en Alcobendas», bromea Peña.

Dijo en una ocasión Arthur Miller que el teatro de Williams, más allá de los gustos cambiantes, perduraría. Y cree Peña que «los gustos quizá hayan variado mucho, no sólo en el teatro, sino en el mundo, pero eso es una cosa y otra son las esencias. No tienes más que irte a los clásicos griegos. El teatro, y el arte, ofrecen la capacidad de reflexionar sobre nuestras vidas y nuestros fallos». Del texto, explica Gil, «me interesa la lucha por la supervivencia personal, son personajes que están como ahogándose. Pienso en Stella, en Blanche, también en Kowalski, que lucha por hacerse un hueco». Y añade Vicky Peña: «Tennessee Williams añade elementos a un cóctel que acaba siendo explosivo: es interesante cómo todos se pueden mezclar no sin un gran esfuerzo por parte de los intérpretes».

En ese esfuerzo habrá, tiene que ser así, cierta tensión sexual. «Hay la necesaria, pero también otros muchos conflictos que se mezclan –matiza Peña–, sin duda el título es el que es, en él está la palabra deseo, pero hay mucho más».

Elia Kazan fue el hombre que estrenó la obra tanto en teatro (1947) como en cine (1951), con Marlon Brando y Vivian Leigh. Las actrices guardan cierta distancia respecto al célebre referente: «No es una sombra que haya planeado encima nuestro», cuenta Ariadna Gil. «El texto es tan hermoso, tan poderoso y potente, que la función lo es en sí misma, como lo fue en su primer estreno. Por eso se sigue haciendo». Y es que, como dice Peña, «Williams escribe desde la verdad, pero también la duda, desde la exaltación y el desgarro».


l Dónde: Teatro Español. Madrid. l Cuándo: desde hoy hasta el 10 de abril. De martes a domingos. l Cuánto: de 4 a 22 euros. Tel. 91 360 14 84.