La guerra de las ondas

Los pilotos «bombardearon» al director de carrera con mensajes vía radio para alterar el desarrollo natural de la cita. Vettel fue el más activo

LOS BOX de Red Bull y Ferrari fueron los que vivieron más intensamente la carrera en el Gran Premio de Corea
LOS BOX de Red Bull y Ferrari fueron los que vivieron más intensamente la carrera en el Gran Premio de Corea

La lluvia y el mal estado del asfalto del circuito de Corea convirtieron la antepenúltima carrera del Mundial en un auténtico caos. Hubo dos salidas y ambas se produjeron con el coche de seguridad en pista. El «safety car» gastó más gasolina que nunca con 20 vueltas en sus apariciones y dio la salida con los coches ya lanzados. En el primer intento para empezar la carrera las radios de los equipos echaron humo. Estas conexiones son controladas por los comisarios deportivos de la prueba e incluso por el director Charlie Whiting, que puede escuchar todas las conversaciones entre ingenieros y pilotos.
Durante la vuelta de calentamiento comenzaron los primeros mensajes. Vettel, que ocupaba la primera plaza, abogaba por la salida lanzada, lo que le beneficiaba. Por el contrario, Hamilton y Alonso mandaban a sus ingenieros el mensaje contrario con la intención de influir en la decisión de Whiting. Desde ese momento, los mensajes vía radio se convirtieron en un arma de doble filo. Todos daban su opinión y en algunos casos muchos pilotos en absoluto colaboraban con la dirección de carrera y la seguridad. El peor de todos fue Sebastian Vettel. Desde boxes, sus ingenieros le avisaron de que el motor empezaba a dar señales de agotamiento y como apenas faltaban unas vueltas para el final lanzó un mensaje a su ingeniero afirmando que la tarde caía y que la visibilidad era escasa. La intención era que Whiting lo escuchara y que ordenara el fin de la carrera, una potestad exclusiva del director británico. Pero su motor no aguantó más y su coche acabó reventando antes del final de la carrera. Todos los pilotos enviaban mensajes envenenados al director de la prueba y en este caso la Federación Internacional debería tomar cartas en el asunto porque algunas opiniones claramente evidenciaban los intereses de cada piloto antes que velar por la seguridad de todos.