Excusas para otra huelga

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Varios miles de personas salieron ayer a la calle en algunas de las principales ciudades españolas para protestar contra la política del Gobierno. La mayoría de ellas eran liberados sindicales o cuadros de la burocracia sindical. La manifestación más nutrida fue la de Madrid, donde unos diez mil participantes hubieron de compartir protagonismo con la Fiesta de la Bicicleta, que reunió a más de veinte mil aficionados. La demostración sindical de ayer se enmarcó en la denominada «Cumbre social», una suerte de iniciativa en la que caben todos los grupos y grupúsculos de izquierda, desde el PSOE hasta comunistas y radicales. El propio secretario general socialista había llamado el sábado a participar masivamente en la protesta. Al término de la misma, los dirigentes sindicales advirtieron de que, si Rajoy no somete ya a referéndum sus medidas de ajuste, convocarán otra huelga general el próximo 14 de noviembre, la segunda en pocos meses y contra el mismo Gobierno. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que la marcha dominical de ayer no tenía más propósito real que ejercitar el músculo para la cita de noviembre. Hace semanas que los sindicalistas españoles y portugueses planeron para ese día una movilización conjunta contra lo que denominan «políticas neoliberales». Tampoco debe sorprender la participación entusiástica de dirigentes del PSOE, entre ellos el anterior ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, un raro especímen político que habiendo sido víctima de una huelga general parece muy feliz cambiándose de bando. El propósito de Rubalcaba es liderar esa «Cumbre social» de sindicatos y grupos de izquierda, a la vez que impedir el ascenso de IU. Es el único paraguas bajo el que puede guarecerse de la profunda crisis del partido, con grietas alarmantes en el PSC, y de las pésimas expectativas electorales. Si como pronostican el CIS y otros sondeos el PSOE se hunde en el País Vasco, se encasquilla en Galicia y sufre un descalabro histórico en Cataluña, el único clavo ardiendo que le queda a Rubalcaba es el de la movilización permanente y pedir en la calle lo que le niegan las urnas. La tentación de deslizarse hacia el populismo es más que real, lo que sería extremadamente grave en un partido de gobierno y que conoce perfectamente los sacrificios que comporta una gestión responsable. Que los sindicalistas de UGT y CC OO traten de mantener su maltrecho prestigio y sus mermadas filas con liturgias pancarteras como las de ayer es hasta cierto punto comprensible. Pero que el principal partido de la oposición juegue a la huelga general es una frivolidad que se volverá contra él. Mal que bien, España está sentando las bases para recuperar la credibilidad que el último Gobierno socialista arruinó y es obligación del PSOE contribuir a ello.