Susana Díaz: «Sois mi familia aunque a veces discutamos»

SEVILLA- El aparato oficialista del PSOE de Sevilla vino a decir «a mí, los fieles» con el anuncio de la candidatura (entre impuesta –ser número dos de la Junta y del PSOE, en realidad, suman más de cuatro– y deseada –se trata de la agrupación más importante de España–) de Susana Díaz a la secretaría general y los fieles y los que optan por no moverse en la foto (de todo hay en la viña socialista) peregrinaron en masa a la sede de Luis Montoto, llegados de toda la provincia. Una demostración de poder en toda regla ante un rival, el sector crítico, que opta más por la política de guerrillas; sin líder definido, incluso, por prudencia o temor de acabar como la estatua de Puerta de Jerez tras la Eurocopa. Descabezada.

Entre aplausos y vítores, de rojo y blanco, se presentó Susana Díaz, junto a dos consejeros como Martínez Aguayo –«la Aguaya», en los mentideros de pasillo– y Miguel Ángel Vázquez –a la sazón, portavoz y rapsoda–; con «el tito Fernando», el hombre al que acuden en los pueblos cuando «están tiesos», a diario, o sea, el presidente de la Diputación, Rodríguez Villalobos como telonero y escudero –en toda regla, solicitando su ínsula: «Es hora de que esta nueva generación tome las riendas... pero que cuente con nosotros»–; e históricos socialistas locales como José Caballos –líder del grupo que puede decantar la balanza– y otros con peso como Bernardo Bueno, Juan Espadas, Verónica Pérez, Antonio Palomino, Antonio Conde, Rafael Recio o Fernando Zamora. Con el lema «Sentir Sevilla».

Villalobos arrancó hablando del PSOE igual que pudo definir las propiedades de la Viagra. «Un PSOE fuerte, robusto, estable y cohesionado». Destacó el trabajo de la gestora en estos «meses huérfanos», fruto de la guerra fratricida entre «susánidas» y «antisusánidas», más que vieristas o críticos. «No se puede tentar constantemente la fidelidad de las bases», dijo Villalobos, reclamando «un liderazgo estable contra la derecha», resaltando sobremanera «el peso orgánico» de su «caballera» andante y «el conocimiento de todos los compañeros con responsabilidad y todas las agrupaciones». El presidente de la Diputación hizo un alegato de la casquería. Hay quien dice que si se vieran las tripas de los partidos, no habría estómago para votar. Para aspirar a la secretaría, dijo Villalobos, hay que conocer el partido «hasta el tuétano». Sobre las críticas de Toscano, habló de «compañeros metiendo el dedo en el ojo» y pidió aparcar «el odio, la envidia y el personalismo».

Susana Díaz arrancó y finalizó abriendo «las puertas» a todo el que quiera colaborar. «Cabemos todos», dijo, por más que en la sede de Luis Montoto se estuviera apretado como el comedor de Hogwarts. (Villalobos tiene su aire a Dumbledore). Díaz anunció la visita «a todas las agrupaciones de Sevilla» y se presentó como la líder para «el cambio» que la ciudadanía pide. También habló de un «comportamiento ejemplar», «el código ético sobre la mesa» –algo podría decir de esto el «griñanini» Velasco– y «fraternidad». «Sois mi familia, aunque a veces discutamos». Pese al momento puziano, no se ha confirmado que Limones haya amanecido con una cabeza de caballo a su lado. Una nueva guerra susánida ha comenzado. «Juego de Tronos» es «Médico de Familia» comparado con lo que viene. Si alguien tiene lo que hay que tener para presentarse. Apoyos. O lo que diría el hijo bicampeón de Europa de un antiguo colaborador del PSOE de Camas que tira penales a lo Panenka. Sin romper los huevos, no hay ni foto de la tortilla ni tortilla.