«Golpearon a mi mujer por no callarse ante ERC»

Enrique Guillén todavía no puede creer todo lo que le está pasando. Desde hace tres días, le apuntan como el torero enfurecido que, tras conocer que en Cataluña dejarían de celebrarse corridas de toros, atacó e hirió a varios militantes de una sede de ERC en Barcelona. Y es cierto que Guillén entró en una sede de ERC en el Eixample, pero ni destrozó el edificio, ni golpeó a ningún militante, sino que se enzarzó en una discusión después de que dos miembros del partido agredieran a su mujer, apuntó.

Ayer, «harto» de que «no se hayan contrastado» informaciones, explicó a este periódico que el día en que se prohibieron los toros en Cataluña, «como muchas otras veces», acompañó a su mujer al trabajo, en el distrito del Eixample barcelonés, muy próximo a la sede de ERC. «Nos conocemos todos de vista porque casi siempre coincidimos en un bar, así que, al pasar por la puerta, le comenté a un par de militantes "qué, ¿ya estáis contentos, habéis conseguido lo que queriáis?"y empezamos una discusión acalorada». Hasta aquí todo bien, la mujer de Enrique llegó a su puesto de trabajo y el matador se quedó en un bar tomando una café.La «crispación» llegó cuando la esposa de Guillén, al bajar a la calle en su descanso, les indicó a los militantes que «ella no iba a ir con la cabeza agachada» porque ERC esté a favor de prohibir las corridas de toros. Fue entonces cuando, según Guillén, empezaron los «improperios e insultos» contra su esposa, que finalizaron con un «zarandeos, empujones contra una mesa y una caída al suelo», golpe que le ha costado un moratón en el hombro.«En cuanto me llamó para decirme que le habían atacado no dudé en plantarme en la sede, sin ánimo de revancha, sólo para decirles que se habían pasado de la raya al golpear a una mujer y que iba a emprender medidas legales contra ellos». Fue allí cuando Guillén dio «una patada a una mesa», por «impotencia, porque no dejaban de incitarme e insultarme», explica.Guillén ha interpuesto una denuncia contra los «auténticos» agresores. Lo que más lamenta, el «miedo» con el que vive ahora su mujer. «Tengo que acompañarla al trabajo mañana, tarde y noche. Esto no es política, yo no pegué ni ataqué a nadie por el toreo, sólo defendí el honor de mi mujer».