Ícaro por tierra mar y aire por Miguel Ángel ALMODÓVAR

Ícaro por tierra, mar y aire, por Miguel Ángel ALMODÓVAR
Ícaro por tierra, mar y aire, por Miguel Ángel ALMODÓVAR

La iconografía publicitaria ha generado entre amplios sectores de la sociedad, sobre todo en los más jóvenes, una asociación mental inconsciente entre el consumo de bebidas energéticas y la capacidad de volar. Pero la metáfora del hombre con alas viene de antiquísimo y todos sabemos de los grandes riesgos que entraña intentar volar hacia el Paraíso y en que paró finalmente la aventura de Ícaro. Precisamente de aquellos tiempos tan apegados al mito es la leyenda que figuraba en el friso de muchos templos: «Nada en demasía»; máxima que hoy debiera seguir manteniéndose en plena vigencia respecto al consumo de esas bebidas energéticas, tan ricas en excitantes como la cafeína y la taurina, que, a la que uno se descuida, acaban produciendo insomnio, nerviosismo, ansiedad, hipertensión o arritmias.

Claro que esos son sólo efectos a corto plazo, que con frecuencia dejan a un lado otras indeseables consecuencias de más largo recorrido. Tales energizantes pócimas, añadidas a licores y destilados, producen un enmascaramiento de la sensación de embriaguez y abren paso a la cogorza ataviada de fallera mayor, en cuyo desfile el cerebro está a otra cosa y no se entera, mientras que el hígado sufre y a lo grande tales extravíos intentando metabolizar las riadas del alcohol que le inundan. Por cierto, que evocado el mito por cielos y tierra, también conviene recordar que Pausanias ofrece una versión marítima del mito icario en el que papá Dédalo, huyendo ambos en barco hacia Creta, inventa la vela, último puerto del viaje etílico tras las islas de facilidad de palabra, exaltación de la amistad, cantos regionales, tuteo a la autoridad, e insultos al clero.