Un estudio «condena» a las personas con la inicial «D» a vivir menos

La inicial de un nombre tiene un efecto importante en la longevidad, según una investigación. Las personas cuyos nombres comienzan con «A» tienen, estadísticamente, la probabilidad de vivir hasta casi diez años más que aquellos con la inicial «D». 

El determinismo es una doctrina que sostiene que todo acontecimiento está causalmente determinado por la irrompible cadena causa-consecuencia. Precisamente, «determinismo» se escribe con «D», una inicial que, en el caso del nombre de una persona, conlleva una esperanza de vida menor.

Es la conclusión a la que han llegado psicólogos de la Universidad Estatal de Wayne (en el estado de Michigan, EE UU) tras repasar la vida de 10.000 médicos, abogados y atletas nacidos entre 1870 y 1930. La primera –y menos afortunada- revelación fue que las personas cuyos nombres comenzaban con la letra «D» tenían, como promedio, vidas más cortas. Más afortunados eran los de la inicial «A», mucho más longevos.

Profesionales del deporte con inicial «D» vivieron hasta una media de 69,2 años, frente a 73,4 para la «A» y 71,3 para el resto. La diferencia fue más pronunciada para los jugadores de baloncesto. De promedio, la «A» se impuso por 9,5 años de mayor longevidad.

Una cuestión de autoestima
Con los datos objetivos sobre el papel, y realizados los cálculos de esperanza de vida, el equipo de psicólogos ha especulado con la causa de estos resultados. Considerando cuestiones fonéticas, académicas y sociológicas, tener un nombre con la inicial «D» contribuye a «una baja autoestima». Las secuelas de esta consideración se basan a su vez en otros estudios que sugieren que con esta circunstancia psicológica se reducen las defensas de una persona para evitar enfermedades.

Según el estándar de los sistemas escolares estadounidenses de clasificación, alega el estudio, «a lo largo de la vida se nos recuerda constantemente que «A» simboliza lo mejor, mientras que «D» es considerado casi como un fracaso», dicen los investigadores en la revista científica «Death Studies». En Estados Unidos no se asignan calificaciones numéricas en los exámenes, sino que se asignan las notas como A, B, C y D.

También sugieren los psicólogos encargados del informe, que los padres de familias más pobres y con menor esperanza de vida, son más propensas a dar a sus hijos nombres que comienzan con «D». Sobre las personas cuyos nombres comienzan con inicial entre la «E» y la «Z» se describieron como «de grado irrelevante».

«Vemos que las personas con ciertos nombres pueden verse afectadas en la forma en que las tratamos. Esto puede influir a varios factores como la longevidad, la salud y cómo se mueven por la vida», asegura el Dr. David Holmes, psicólogo de la Universidad Metropolitana de Manchester.