Se acabó el pastel

La Razón
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Al igual que algunos matrimonios hacen aguas después de una etapa prodigiosa, también el emigrar a España se acabó. Al menos hasta 2015. Durante la época de «vacas gordas» se aprovechó para atraer a mucha gente de otros países en mala situación económica con la promesa de una «relación seria» donde nunca faltaría el pan, el jamón y una casa de propiedad (se llegaron a conceder hipotecas con el solo aval de una nómina). A nuestro «sanZPdelasruinas» se le ocurrió el famoso «papeles para todos», que llenó éste país de gente que «nos iba a hacer ricos». Se nos tomó el pelo, no había empleo para todos. Ahora, además de acabarse el pastel, también se ha destruido el horno: escasean empleos, sueldos ridículos –mucho me temo que, como los inmigrantes, tendremos que aceptar cualquier cosa con tal de tener algo para poder comer–, y los emprendedores son una especie en extinción. ¿Quería este desgobierno, al abrir la puerta a la inmigración, desestructurar la sociedad española? No hay revuelta social porque aquí hay mucha «rana cocida», somos un buen CdR. «SanZPdelasruinas» ha llenado el país de bocas que ahora no tienen qué comer: cinco millones de parados te contemplan Zapatero. Si esto fuera Francia en 1789, María Antonieta nos diría que comamos pasteles (fue lo que dijo cuando supo que el pueblo pasaba hambre porque no tenía pan). Puesto que emigrar es algo bueno y humano, hazle un favor a España, Zapatero emígrate.