El BCE presiona a España para que endurezca sus reformas

El oxígeno proporcionado por el Banco Central Europeo (BCE) a España para reducir su disparada prima de riesgo y sacar artificialmente al país de la zona roja en la que se encontraba hace apenas diez días va a tener un alto precio.

Zapatero y el primer ministro Silvio Berlusconi, en una imagen de archivo
Zapatero y el primer ministro Silvio Berlusconi, en una imagen de archivo

Al igual que ha hecho con Italia, la entidad que preside Jean Claude Trichet ha renunciado a sus principios elementales al inyectar fondos en los mercados secundarios para comprar bonos de ambos países, lo que aumentará previsiblemente la inflación. A cambio de esta cesión, el BCE ha exigido reformas drásticas a los Gobiernos de Silvio Berlusconi y de José Luis Rodríguez Zapatero mediante sendas cartas enviadas a sus respectivos ministros de Economía.

«Los recortes vienen impuestos por el banco», reconoció el sábado Giulio Tremonti, titular de la cartera italiana de Finanzas, para justificar la aprobación un día antes del mayor tijeretazo en la historia del país. De un plumazo, el Ejecutivo italiano reducirá gastos por un importe aproximado de 45.000 millones, al objeto de que en 2013 las cuentas del país vuelvan a estar equilibradas. Entre las medidas se encuentra la supresión de provincias o el retraso en la edad de jubilación de las mujeres a los 65 años.

¿Y a España, qué? A diferencia de su homólogo italiano, la vicepresidenta económica sólo se ha despachado con una lacónica frase: «Nosotros no comentamos nuestra relación con el BCE, aunque sí es verdad que Trichet ha dicho públicamente que los países de la zona euro con dificultades en el ámbito fiscal deben tender a la reducción y a la consolidación fiscal». Dicho en román paladino: varias de las reformas anunciadas por el Ejecutivo durante los últimos diez días vendrán impuestas por la máxima autoridad bancaria europea, aunque podrían incluirse otras nuevas, lo que viene a confirmar la pérdida de «soberanía» de las autoridades españolas tras recibir la ayuda. Se trata, en definitiva, de una intervención en toda regla no sólo de España, sino también de Italia, aunque por una vía diferente de la empleada anteriormente con Grecia, Irlanda o Portugal.

El peso del tijeretazo

Así las cosas, ¿qué va a hacer el Gobierno? De momento, las espadas están en todo lo alto, aunque un sector del mismo es partidario de llevar a los consejos de ministros extraordinarios que se celebrarán este viernes y el siguiente un paquete de medidas «cosméticas», que sirvan para calmar los furibundos ánimos de Trichet, sin erosionar aún más al alicaído electorado socialista. En el recuerdo de este grupo mayoritario del Ejecutivo pesa el enorme influjo que tuvo el tijeretazo de hace algo más de un año en la debacle del PSOE en las últimas elecciones autonómicas y municipales.

En principio, Salgado ha anunciado un conjunto de iniciativas destinadas a aligerar el déficit que reportarían a las arcas públicas la cifra de unos 5.000 millones de euros. Las más importantes y polémicas son el anticipo a las grandes empresas del impuesto de sociedades, y un plan de ahorro farmacéutico para que los pacientes reciban el tratamiento más barato cuando hay alternativas de precios diferentes en el mercado, lo que constituiría un verdadero golpe en las cuentas de laboratorios y farmacias. Ahora bien, ¿serán éstas y otras reformas de corte menor suficientes o el Ejecutivo tendrá que «inventarse» estos días otras sobre la marcha, para calmar a Trichet?

En favor de las intenciones iniciales de la mayoría del Gobierno de aprobar recortes suaves, juega el hecho de que, a diferencia de Italia, España ya empezó a hacer los deberes hace tiempo, precisamente con el tijeretazo que rebajó los salarios de los funcionarios o con la recién aprobada reforma de las pensiones. En su contra, juega que otras medidas prometidas en Bruselas, como la reforma laboral, la liberalización de horarios comerciales, o la supresión de la colegiación obligatoria de algunas profesiones para eliminar trabas burocráticas en el ejercicio laboral se han aprobado de forma tibia o, simplemente, permanecen en los cajones de los ministerios.

Ayer, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, redobló de forma implícita la presión sobre España al mantener en «Der Spiegel» su posición contraria a la concesión de ayudas ilimitadas a los países azotados por la crisis de la deuda. «No habrá una salvación a cualquier precio», advirtió. Los partidos que configuran la coalición de Gobierno en Alemania cuestionan también el papel del BCE en este rescate encubierto.