La calle es suya (de ellos) por Lucas HAURIE

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

La calidad de la democracia española, la que le conferimos los votantes, se plasma en el intento de linchamiento sufrido a la puerta de un juzgado por una testigo, madre de un imputado, a la que un programa de televisión masivamente seguido por nuestros conciudadanos ha timbrado como celebridad. Si al electorado andaluz, al pomposamente llamado «pueblo soberano», lo representan los agresores en grado de tentativa que ayer se abalanzaron sobre un taxi es normal que hayamos estado treinta años gobernados por unos tunantes que han convertido a la Junta en el Patio de Monipodio. No damos para más, hay que resignarse. La telebasura, la realidad fragmentada de las redes sociales y, sobre todo, el declive de la educación componen un cóctel letal para una sociedad avanzada. Ese temor reverencial de quienes detentan el poder al ruido de la calle convierte al Estado en carne de chantaje. El político, movido casi siempre por intereses bastardos, no desea contrariar a la masa indocta; no vaya a ser que unos cuantos cabreados desmonten los chiringuitos. La joseantoniana «minoría decidida inasequible al desaliento» conquista metro a metro el espacio público. La serpiente incuba sus huevos ante la pasividad de la Policía, que debería aplastarla de un porrazo.