De la embajada a la inspección

La Razón
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La política ni puede ni debe ser una profesión. Es cierto que es una utopía, porque muchos políticos, demasiados, no sólo no siguen esta máxima sino que están muy gozosos de no tener otro oficio conocido. Esto provoca situaciones dramáticas cuando pierden el cargo público cuando cambia un Gobierno o no salen elegidos. El primer problema reside en las organizaciones juveniles, porque la cuota obliga a que estén presentes en las listas. Nadie se preocupa en saber si hay acabado una carrera o tienen una profesión. Un enorme error. Es algo que debería corregir Rajoy cuando sea presidente del Gobierno y buscar los mejores en cada campo. No hay que quedarse sólo ahí, sino extender esta filosofía a comunidades y municipios. Otro aspecto es que los partidos son implacables. Francisco Vázquez fue alcalde de La Coruña y embajador en El Vaticano. Ha regresado a la inspección de trabajo, que abandonó en 1977, porque en su partido no le quieren como Defensor del Pueblo. Entre otras razones, porque es católico y, sobre todo, es un verso libre.