Cruce de razas por Marina CASTAÑO

La Razón
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En una vieja película, «Adivina quién viene esta noche», una americana de raza blanca trae a cenar al hombre con quien va a prometerse, un negro, el guapísimo Sidney Poitier, con gran sorpresa (no agradable) para los padres de ella por ser el futuro yerno de raza negra. No están tan lejanos los tiempos en que ver un negro, un chino o un moro por la calle era motivo para volverse, por resultar «extraño» ver a una persona con otro color de piel. El fenómeno de la inmigración ha permitido que gentes del todo el planeta circulen de un continente a otro, y las mezclas y los mestizajes sean cotidianos. Hay razas endogámicas cuya tradición no permite el matrimonio con «desiguales»: Los judíos más ortodoxos no permiten a los hombres casarse con mujeres que no sean de su misma raza, de su mismo credo. Pero, salvo excepciones, nunca se había visto tanto cruce, tantas parejas bicolor. Hay muchos tópicos en cuanto al sexo relacionado con la raza. A las blancas, por ejemplo, siempre se nos ha dicho que nunca sabremos lo que es sexo de verdad hasta que no lo experimentemos con varón de raza negra; que los chinos y japoneses tienen el pene muy pequeño; que en India el sexo es muy espiritual; que los ingleses son muy buenos amantes. Pero lo positivo de todo esto es la mezcla, la combinación de colores sin prejuicios obsoletos que sólo mantienen los viejos con tintes fascistas. Adoro ver la pareja de la blanquísima Heidi Klum casada con el negrísimo Seal, a quien conocí en casa de un amigo en Londres y a quien tuve el privilegio de oírle cantar en petit comité, para los poquitos que allí estábamos. Son la viva estampa de la perfecta convivencia.