El teatro necesita una nueva gestión

El mundo de la escena analiza la situación actual del sector

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El teatro es una pasión o, al menos, un arte que levanta pasiones. Eso fue lo que quedó claro ayer en la tertulia del ciclo de San Isidro, un debate encendido –por lo animado– sobre el presente y el futuro del teatro, un arte en «permanente» crisis que, sin embargo, no para de crecer y de reinventarse a sí mismo. Fueron muchos los debates abiertos. El sector permanece expectante ante lo que ocurrirá el día 22 de mayo tras las elecciones. La gestión, la producción, la creatividad, la labor didáctica, su contribución en el incremento turístico de la ciudad, su calidad. Muchos frentes candentes sobre los que versó una tertulia en la que se palparon fundamentalmente dos tipos de sensibilidades, dos formas de entender la complejidad del entramado teatral: una más tradicional y experimentada, y otra con renovados aires que tratan de imprimir los empresarios más jóvenes para que el panorama teatral evolucione. Participaron Miguel del Arco, director teatral que ha acaparado siete premios Max 2011 con «La función por hacer», y que actualmente dirige «Veraneantes» en La Abadía; Julia Gómez Cora, directora general de Stage Entertainment España, con musicales como «Mamma Mia!» y «Los Miserables»; Alejandro Colubi, empresario con varios teatros en Madrid y productor; Eduardo Galán, dramaturgo con un largo currículum (además de productor y distribuidor tiene en escena «El galán fantasma»); Jesús Cimarro, empresario y productor de Pentación; Blanca Oteyza, actriz que ha triunfado con obras como «El diario de Adán y Eva», junto a Miguel Ángel Solá, y que en la actualidad tiene en cartel «Por el placer de volver a verla»; y Juan Delgado y Miguel Ayanz, por parte de LA RAZÓN. Estuvieron, además, presentes Olga Fernández, enóloga de Bodegas Licinia, Ana de las Heras, directora de Lavinia, y Federico Sánchez, de Bodegas Lustau de Jerez.


Al final de un ciclo
El vínculo que une al teatro con las administraciones locales y autonómicas está pendiente de los resultados de la próxima consulta electoral y, sobre ese tema arrancó el debate: ¿qué espera el mundo del teatro después de los comicios? Alejandro Colubi, más veterano en este mundillo, fue el encargado de romper el hielo: «Una cosa es lo que esperamos y otra lo que va a suceder. Somos artesanos y las ayudas públicas, tal y como está el asunto, pueden haber terminado. La Administración está sin recursos, lo que significa que subirá el precio de la entrada y que los espectadores lo verán como algo negativo. Con la crisis hay menos dinero para el ocio. Por otro lado, el teatro ha perdido su referencia social. El sector público invade el privado. La red pública crea un monopolio que condiciona la circulación de los teatros. No existe iguadad de condiciones».

Jesús Cimarro apostilla sobre este aspecto: «La situación es delicada. Estamos al final de un ciclo de gestión e inicio de otro. La de ahora es distinta a crisis anteriores, es global. Todos debemos hacer autocrítica; es necesaria la conversión. El teatro necesita de nuevos modelos de gestión. Se da la paradoja de que el 90 por ciento de la red de teatros es pública y, en cambio, el 80 por ciento del programa es privado. Hay que buscar el equilibrio, porque el teatro cumple una función social y debe de existir». En este aspecto existe unanimidad: «Hay un problema de liquidez y esto es malo para las empresas, la Administración no paga, no hay líneas de crédito...y sí un exceso de producciones. Es necesario optar por la calidad», concretó Galán.

Julia Gómez Cora, que gestiona musicales de éxito, abundó en este aspecto al asegurar que «lo que se necesita es más creatividad. No se puede abrir sólo dos horas al día y cargar todos los gastos a la compañía. Necesitamos gestionar otro tipo de actividades con públicos diferentes. Pido que se nos mime un poco porque el turismo en Madrid ha crecido, en parte por la oferta de ocio de la capital. Que se reconozca esto, que se escuche, que se incorpore a los colegios». A lo que Miguel del Arco añadió que «la gente se acostumbra a las entradas subvencionadas a ocho euros y después no quiere pagar otra cosa. Los políticos no subvencionan el teatro, sino el populismo. En los ayuntamientos ponen al mando de los programas a personas que no entienden nada de teatro». Sin embargo, éste no resulta el único aspecto sustancial, la cuestión es más amplia. Para Blanca Oteyza «no somos un sector unido, cada uno funciona por su cuenta. No existe una Academia que vele por los derechos comunes».

Ante la pregunta sobre la cartelera madrileña, todos los interlocutores tuvieron igual respuesta: hay mucha calidad y variedad, el nivel ha crecido y está a la altura de las mejores carteleras, tanto en las pequeñas como en las grandes producciones. Se busca la vanguardia y se está al día. La prueba es que la gente joven llena las salas.