Reino Unido se niega a pagar un euro más para salvar a Grecia

Grecia está en la encrucijada mientras crece el rechazo a inyectar más ayudas en su dañada economía.

Reino Unido se niega a pagar un euro más para salvar a Grecia
Reino Unido se niega a pagar un euro más para salvar a Grecia

Alemania y Reino Unido, las dos principales potencias económicas de la UE-27, ya han mostrado en público su oposición a que el primer periférico rescatado reciba más fondos, lo que probablemente derivará en un efecto contagio entre países durante las próximas jornadas. Al fin y al cabo, ningún estado asume culpabilidad alguna en el caso heleno, y la «solidaridad» con el país también tiene un límite. Reino Unido lo tiene claro desde hace tiempo: no participó en el primer rescate de Grecia y no lo hará ahora. El primer ministro británico, David Cameron, insistió ayer en que el país no está obligado a dar más ayuda a la economía helena, salvo la que provenga a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), porque Reino Unido no está «gracias a Dios» en la zona del euro.

«El primer rescate de Grecia lo llevaron a cabo los miembros de la zona del euro, y no veo absolutamente razón alguna para que Reino Unido se viese arrastrada por los mecanismos financieros europeos o cualesquiera otros a un nuevo rescate de Grecia», señaló Cameron.
El líder tory deseó «lo mejor al Gobierno griego», mientras que el ex ministro laborista de Asuntos Exteriores, Jack Straw, advirtió en la Cámara de los Comunes de que el euro «no puede durar» e instó al Gobierno británico a que preparen «alternativas» a la moneda única. Según Straw, la exposición potencial de Reino Unido a la deuda griega, incluida la de los bancos privados, asciende a 8.000 millones de libras (9.040 millones de euros al cambio actual).

Por si el rechazo británico no fuese suficoente, el presidente del Bundestag –banco central germano–, Norbert Lammert, afirmó ayer que la crisis de Grecia se habría evitado retrasando su entrada en la eurozona, y consideró que la Unión Europea (UE) «cerró los ojos ante las cifras dudosas» que presentaba, al aceptar su incorporación en enero de 2001. Lammert mostró su incertidumbre respecto al rescate de Grecia y explicó que «no se sabe qué ocurrirá si se invierten otros 120.000 millones de euros, lo que implicaría el ascenso de la deuda griega a 400.000 ó 500.000 millones, con una capacidad recaudatoria de 50.000 millones».

Fitch amenaza a Atenas
La agencia de calificación crediticia Fitch señaló ayer que calificará como «default» o suspensión de pagos cualquier modificación en las condiciones de la deuda soberana de Grecia, incluyendo la posible refinanciación «voluntaria» por parte de los bancos acreedores de los préstamos a vencimiento a corto plazo. La nota positiva para Grecia la puso el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, que propuso facilitar a Grecia el acceso a fondos comunitarios ya existentes para incentivar el crecimiento económico heleno y luchar contra el paro. Barroso cree que Europa debe «encontrar fórmulas para acelerar» la entrega del dinero y permitir que «Grecia obtenga el beneficio ahora».

El presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, exigió ayer a todas las fuerzas políticas griegas, y en particular a la oposición conservadora, que respalden en el parlamento el plan de ajuste y privatizaciones pactado por Atenas con la UE y el FMI e insistió en que «no hay alternativa» ni «plan B». En este contexto, Grecia se enfrenta a una dura prueba de fuego, esta vez dentro de sus fronteras. El primer ministro griego, Yorgos Papandréu, solicitó ayer al Parlamento el voto de confianza para seguir gobernando y aprobar a finales de mes un nuevo paquete de medidas de austeridad, indispensable para desbloquear los fondos de rescate de la UE. Al cierre de la presente edición, aún no había un resultado firme de la votación de los diputados helenos, aunque el Gobierno expresó su confianza en el respaldo político a su plan.