Marbella recupera su supremacía ante Ibiza y Palma por Jesús MARIÑAS

Ni la propia señora Obama sabe cuánto bien ha hecho a Marbella
Ni la propia señora Obama sabe cuánto bien ha hecho a Marbella

Todos nos hacemos la misma pregunta y ojalá se cumpla tal vaticinio: ¿estamos ante un resurgir de la capital costasoleña, empobrecida después de ser públicamente esquilamada por la «operación Malaya»? Mientras velan armas y recelos ante los juicios a sus culpables, lo evidente es que el antiguo feudo de Gil y Gil, donde apenas tiene relieve social la alcaldesa, Ángeles Muñoz, que supera en discrección a sus predecesores en el cargo, ya que no viste ni explota como ellos, vive un casi Renacimiento. Lo inauguró la pasada Semana Santa Montserrat Caballé en su concierto benéfico montado por Incosol, evento que tuvo continuidad con el debú de Carmen Martínez-Bordiú como mecenas, promotora y no sé si también empresaria de ballet. Fue presentanción y despedida, al menos hasta ahora, aunque sus danzantes proyectan colaborar en el «Torrente IV» que ya rueda Segura. El paseo triunfal de Michelle Obama, de beneficios incalculables para la zona, sirvió de apoyo reparador del mal arruinador de aquel emporio turístico donde este invierno cerraron nada menos que seis hoteles de cinco estrellas. Olvidando que sus «casoplones» lo mismo cobijaron durante años a los duques de Windsor, la ex emperatriz Soraya, a Deborah Kerr, a Sean Connery e incluso en temporadas esporádicas a Humberto de Saboya. Mientras Cayetana mantiene fiel su visita en primera línea, ver a la espléndida señora Obama fue una bocanada de aire fresco. No puede considerarse papanatismo, como algunos tildan al entusiasmo de su desinteresada estancia en el Villa Padierna, ya catapultado entre los grandes alojamientos del mundo. Hay que ser agradecidos, y Marbella supo estar a la altura de las circunstancias, con una generosidad desacostumbrada. Quizá ni ella sepa cuánto bien ha hecho a este rincón donde, como cada verano, sobran grúas y faltan taxis. Mientras la vida social, que no marinera, tiene en Palma un ritmo sin estridencias, siempre bajo el faro proyector del Rey y Marivent, Ibiza pierde interés. Son las mismas caras e idéntico bronceado de siempre. Se repiten los «pillados» en la Marina Botafec, el olor dejando estela a rosas de Cuqui Fierro y los gestos agresivos de muchos RP. de discotecas. Valentino tornó, pero hace años que evita echar el ancla de su «One Blue» y lo mismo hizo Cavalli, buscando amarres más acogedores, económicos y cómodos. La supremacía que Marbella ostenta este verano hace años que no se lograba. Lo de Michelle supone una inyección tan revitalizante como las que la aún dolorida Maribel Yebenes insufla a su clientela. Creer en su total recuperación no es sueño de una noche de verano. A ver si mantienen el tono.