Esos locos cacharros

Michael Bay presenta la tercera entrega de la saga «Transformers»

Esos locos cacharros
Esos locos cacharros

«Se acabaron las batallas. Ahora empieza la guerra». Con estas dos apocalípticas frases se presenta la tercera entrega de «Transformers», subtitulada «El lado oscuro de la Luna» y en la que vuelven a enfrentarse Autobots y Decepticons, esta vez en una peligrosa carrera espacial entre EE UU y Rusia. Mientras, Bay, director de ésta y de las anteriores entregas, deshoja la margarita y se pregunta si habrá lugar para una cuarta (la taquilla será la que lo decida, y decidirá que sí), la cinta aterriza en las salas dispuesta a convertirse en el «blockbuster» del verano.

Sólo le puede el «Resacón»
Motivos tiene: durante sus primeras 48 horas de estreno en EE UU (sin contar aún el festivo 4 de julio, fiesta nacional) se ha situado ya como el segundo estreno más potente del año, tras otra secuela, «Resacón en Las Vegas 2. ¡Ahora en Tailandia!». Bay ha confesado que con esta parte ha querido resarcirse de las críticas que le llovieron tras la anterior: «La huelga de guionistas nos pilló en el medio y comenzamos a rodar sin tener un buen texto entre manos. Se notó, aunque las cifras de recaudación fueron muy buenas», asegura. «Ahora quiero completar mi participación en esta franquicia de la mejor manera posible. Cuando mi nombre aparece en los títulos de crédito quiero estar seguro de que he realizado un trabajo técnicamente perfecto», para lo que ha concentrado prácticamente toda la acción del filme en la última hora, donde se celebra la madre de todas la batallas en las calles de Chicago.

Producida por Spielberg, el reparto vuelve a encabezarlo Shia LaBoeuf (quien, sorprendentemente, dice que quiere desligarse de la más que posible cuarta entrega), que ha cambiado de compañera de aventuras. Así, Megan Fox deja su sitio a la no menos impresionante modelo Rachel Huntington-Whiteley. Y es que los roces entre la actriz, Spielberg y el director ya empezaron a notarse en la segunda parte. La paciencia de Bay se agotó cuando Fox (que debió olvidar los orígenes judíos del director de «La lista de Schlinder») dijo de Bay que «quería comportarse en los rodajes como Hitler». Fue despedida y sustituida «ipso facto» por Huntington. La chica debuta en la pantalla como novia del protagonista. Dicen las malas lenguas que un entrenador de atletismo tuvo que enseñarle cómo se corría delante de un robot subida en unos altísimos tacones. Al final, lo consiguió. Sea como fuere, hay saga para rato.