Socialismo y dolor

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José María Barreda le dijo a Carlos Alsina en «La Brújula» de Onda Cero que Smiley es una rémora. Después rectificó porque, según aclaró, compañeros del PSOE le habían hecho ver que no había estado bien, sobre todo por el uso que sus adversarios políticos (en el PP, claro) habían hecho de sus palabras. ¿Cuándo dijo la verdad el presidente castellano-manchego? Posiblemente las dos veces. La política es lo que tiene. Pero semejantes enjuagues son éticamente dolorosos. Y hablando de dolor, Smiley está dolorido. Se lo explicó María Teresa Fernández de la Vega a Isabel Gemio, también en Onda Cero. Subrayó que Smiley ha debido adoptar medidas «duras y difíciles», porque es un abnegado estadista dispuesto a sacrificar sus intereses por nuestro bien; lo ha hecho «con dolor», pero también «con la tranquilidad de saber que es lo que necesita este país para salir adelante». Nada dijo de la responsabilidad del Gobierno en el paro, ni una palabra sobre el empobrecimiento a que estamos abocados los españoles por la subida de impuestos, la actual y la futura (la deuda pública también son impuestos): todo en Smiley y sus secuaces es bondad, cohesión social, políticas sociales, etc. Estas tomaduras de pelo duelen. E irritan, porque la arrogancia de la izquierda puede ser no sólo fabuladora sino también mezquina. Por ejemplo, la vicepresidenta cuestionó el nivel intelectual de Barbie, como si el socialismo estuviera poblado de lumbreras, y llegó a acusarlo de escéptico ecológico, agitando una vez más el fantasma de su primo.