El hijo díscolo del dictador

Kim Jong-nam renegó de Corea del Norte a principios de siglo y ahora es un apestado de la dictadura comunista que todavía lidera su padre, Kim Jong-il.

El dictador de Corea del Norte Kim Jong-il, en el centro de la foto, con su ejército. Su heredero es Kim Jong-un, cuarto por la izquierda
El dictador de Corea del Norte Kim Jong-il, en el centro de la foto, con su ejército. Su heredero es Kim Jong-un, cuarto por la izquierda

A finales de los 90, Kim Jong-nam parecía destinado a gobernar ladictadura comunista más oscura del mundo. Aunque nunca se hizooficial, su condición de «príncipe heredero» era la opción más lógica. Era el primogénito y cultivaba un carácter parecido al de su padre, el «Querido Líder», Kim Jong-il. Retratado como un tipo temperamental a la vez que sensible, amante del arte y el cine, muchos veían en él al candidato perfecto para dar continuidad a la estirpe que controla los destinos de Corea del Norte desde hace más de medio siglo. Ocupando cargos intermedios dentro del aparato estatal, se preparaba para liderar un régimen cuya estabilidad está condicionada por el aislamiento total frente al resto del mundo. Un país que vive según sus propias reglas, una variante ultranacionalista del peor estalinismo.

Cumplidos los veinte años, Kim Jong-nam empezó a viajar al extranjero con pasaportes falsos. La prensa japonesa publicó entonces rumores: el «príncipe» de Corea del Norte se habría dejado caer más de una vez por los barrios rojos de Tokio y los centros comerciales de moda. El 1 de mayo de 2001 estalló el escándalo: el heredero fue detenido en el aeropuerto de la capital japonesa con un pasaporte de la República Dominicana, bajo un falso nombre latino, acompañado de dos mujeres y un niño de cuatro años. En los interrogatorios se supo que viajaban para visitar Disneyland. La imagen del aprendiz de dictador comunista rodeado de Mickey Mouse, la Bella Durmiente y otros símbolos del imperialismo estadounidense, era mucho más de lo que su padre estaba dispuesto a perdonar. Kim Jong-nam cayó en desgracia y se fue alejando de la tiranía familiar.

Según los escasos relatos biográficos sobre la estirpe de los Kim, el rechazo de su padre le unió más a su madre, Sung Hae-rim, exiliada en Moscú y a quien visitó con frecuencia durante sus últimos años de vida. La bella Sung, primera esposa de Kim Jong-il, fue la actriz de moda en la Corea del Norte de los años 60 y 70. Sin que nunca se le reconociese el estatus de Primera Dama, rechazada por parte de la cúpula militar, preocupada por su integridad física y harta de las infidelidades, abandonó a su marido y huyó a Rusia. Cuando murió en mayo de 2002, Kim Jong-nam ya estaba fuera de los círculos de poder y empezó a pasar temporadas cada vez más largas en China. Allí se hizo normal verlo vestido con ropa de marca y accesorios de moda, una actitud escandalosa para el régimen. Hoy, cumplidos los 39, desocupado y a pesar de su condición de «apestado», la prensa surcoreana insiste en que vive rodeado de guardaespaldas; que mantiene a dos ex-mujeres, tres hijos, una amante y dos casas, una en la ciudad de los casinos de Macao y otra a las afueras de Pekín.

Aunque su comportamiento llevaba tiempo sin dejar lugar a dudas, la oveja negra de los Kim nunca mostró públicamente su desafección por el régimen hasta que su padre, cada vez más enfermo, decidió iniciar el proceso sucesorio apostando por el hijo pequeño, Kim Jong-un, nacido de otro matrimonio. La primera muestra de despecho la dio el año pasado, en una extraña entrevista televisiva con una cadena japonesa donde dijo que «no le interesaba la política». Nada comparado con lo que dijo la semana pasada, tras la ceremonia militar con la que se presentó en sociedad a su hermano. «Personalmente», comentó de nuevo ante las cámaras niponas, «estoy en contra de una sucesión familiar a una tercera generación». Sin apoyos y desacreditado dentro de la jerarquía militar, su actitud rebelde no parece ir acompañada de ninguna ambición política. Se ha interpretado como una rabieta doméstica o incluso un movimiento en defensa propia, para que le dejen tranquilo. Y es que, según aseguró la Prensa surcoreana, los servicios de inteligencia chinos evitaron hace poco que fuese asesinado por un grupo de matones pagados por su hermano pequeño.