Literatura

El fin de las generaciones literarias

El ensayista Pablo Raphael analiza en «La fábrica del lenguaje, S. A.» la negación de los escritores contemporáneos al concepto de colectivo

Pablo Raphael es un escritor mejicano residente en Barcelona
Pablo Raphael es un escritor mejicano residente en Barcelona

BARCELONA- Según el lingüista Ferdinand de Saussure, las palabras no tienen significado por sí mismas, sino que es su relación con las demás lo que les confiere sentido. Según el filósofo Wittgenstein, todo son juegos lingüísticos, pero no existen juegos de una sola persona, es decir, sólo son juegos en cuanto hay al menos dos que saben las reglas, lo demás es locura y sinsentido. Y luego están todos los escritores contemporáneos que insisten en decir que ellos no son parte de ninguna generación, que ellos son como una isla y su identidad no puede ser comprometida uniéndoles a un colectivo. Pues no, pueden ser grandes escritores, pero en eso están equivocados. Al menos, todos tienen algo en común que ni siquiera ellos pueden negar, todos niegan formar parte de ninguna generación.
Las generaciones literarias se remontan a la génesis del propio hecho de escribir. Sin embargo, a partir del siglo XVIII y el gusto ilustrado por definir y taxomizar se hicieron más célebres. A veces, sólo hace falta nacer en un tiempo y espacio determinado para que te adjudiquen el título, como el Siglo de Oro español. Góngora tiene poco que ver con Quevedo y Calderón con Lope, pero todo es Siglo de Oro y ninguno de ellos, hasta la fecha, ha perdido su valor individual por caer en tal definición. Es más, el hecho de unirlos en un grupo les ha hecho ganado sentido. En sus diferencias con Góngora, Quevedo queda todavía más individualizado.

Literatura política
El escritor mejicano Pablo Raphael ha descrito en el ensayo «La fábrica del lenguaje, S. A.» (Anagrama) las razones de esta obsesión contemporánea por la individualidad creativa. A través de una serie de entrevistas a una veintena de autores ha conseguido poner un poco de luz a esta obcecación del «yo no soy igual a nadie». «Es un complejo neoliberal, que enaltece la individualidad. Se quejan de que la gente ya no lee, pero lo triste es que estos autores ni siquiera leen a sus contemporáneos», comenta Raphael, que no duda en criticar a la llamada generación Nocilla, último grupo de autores en negarse a ser parte de un colectivo.
Ortega y Gasset aseguraba que las generaciones podían definirse por sensibilidades afines. Está claro que los románticos tenían su pequeña ideosincrasia, al igual que los simbolistas, los decadentes, los surrealistas, la generación del 98, la del 27, la de los 50, la del 68, la generación beat, etc. ¿Pero qué sensibilidad comparten los autores contemporáneos nacidos a partir de los 70? «Tienen una visión particular del tiempo y un cierto desdén por el espacio público, tal vez por ver fracasar a sus padres, los de la generación del 68, cuando la aventura utópica fue absorbida por las lógicas de mercado», comenta Raphael.
El escritor también habla del compromiso político, o la ausencia de él, de los escritores y mira el futuro con esperanza. «Cuando la razón cartesiana fracasa, es la imaginación la que cambia las cosas», afirma, y de eso, los escritores jóvenes, están llenos.