Libia: «Una revuelta nada democrática»

Un informe independiente francés desmonta la imagen de la rebelión y alerta del riesgo islamista

Un grupo de niños reza ante el cadáver de un rebelde muerto, ayer, en Misrata
Un grupo de niños reza ante el cadáver de un rebelde muerto, ayer, en Misrata

Dos instituciones privadas francesas con muchos años de experiencia en la investigación del fenómeno terrorista, el Centro Internacional de Investigación y Estudios sobre el Terrorismo/Ayuda a las Víctimas del Terror –que preside Yves Bonnet, antiguo jefe de los Servicios Secretos galos con Miterrand–, y el Centro Francés de Investigación –dirigido por Eric Denece, veterano de la infiltración de comandos en la guerra de Camboya– llevaron a cabo una misión de evaluación sobre la situación en Libia que se desarrolló entre el 31 de marzo y el 25 de abril.

Los resultados, fruto de un profundo conocimiento previo del terreno y de numerosas entrevistas celebradas con protagonistas del conflicto en ambos bandos, no mueven precisamente al optimismo. En resumen: Occidente puede estar apoyando una revolución «ni espontánea ni democrática» que corre el riesgo de partir el país en dos, creando un foco de desestabilización integrista islámica en el norte de África. Tal vez, lo que más sorprenda del informe, que sus autores titulan «Libia: un incierto porvenir», es el hecho de que los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, impulsores de la intervención humanitaria, conocían de primera mano y por extenso que la revuelta libia había anidado en uno de los territorios del islam más proclives al integrismo.

Así, podemos leer que «un informe presentado en 2007 en la academia militar de West Point revelaba que la Cirenáica, epicentro de la rebelión contra Gadafi, ha sido uno de los principales focos de reclutamiento de combatientes islamistas para Irak. De 600 miembros de Al Qaida muertos o capturados en territorio iraquí, 112 eran libios, procedentes en su mayoría de Cirenáica». Y añaden: «La conclusión más impactante que se deduce del estudio de West Point es que la región que va de Bengasi a Tobruk, pasando por Derna, presenta una de las mayores concentraciones de terroristas del mundo, con un combatiente enviado a Irak por cada 1.000 habitantes». Y con características preocupantes: «El 85 por ciento de los yijadistas libios cometieron atentados suicidas, frente al 56 por ciento de los de otras nacionalidades, incluidos los saudíes».

Varios cientos de estos militantes islamistas combaten actualmente en las filas de la rebelión, armados con cañones sin retroceso de 105 milímetros proporcionados por Francia, y bajo la bandera de la vieja monarquía, que ahora encarna la «futura democracia», lo que no deja de ser una ironía. «Gadafi –recuerdan los autores del informe– retiene su poder dictatorial gracias a una alianza entre las tribus del oeste y sur del país, en detrimento de las tribus del este, próximas a la antigua monarquía. La tradición política-religiosa dominante en la Cirenáica es la de los Senousi, una secta anti occidental musulmana que practica una forma conservadora del islam. Estos monárquicos integristas no son, desde luego, demócratas y se oponen a cualquier tipo de gobierno moderno».

La conclusión, pues, es desalentadora: «El Consejo Nacional de Transición libio no es más que una coalición de elementos dispares con intereses divergentes, cuyo único punto en común es la oposición al régimen. Los verdaderos demócratas no son más que una minoría que deben cohabitar con antiguos represores que han abandonado a Gadafi, partidarios de la monarquía y defensores del islam radical. El Consejo, en consecuencia, no ofrece ninguna garantía para el porvenir». «Sobre todo, Libia es el único país de la primavera árabe en el que el riesgo islamista se acrecienta. Parece que las potencias occidentales (sin una evaluación previa de la situación y por intereses domésticos) han dado pruebas de un aventurerismo excesivo al mezclarse en esta crisis. Lo que parecía una fácil victoria se ha convertido en un semi fracaso que no deja más que dos opciones: una retirada poco gloriosa o un mayor compromiso en el conflicto, con el envío de tropas terrestres».

Y sentencian los autores del informe: «La intervención occidental (costosa en el largo plazo) va a crear más problemas que los que pretendía resolver. Arriesga la desestabilización de África del Norte y el Sahel, con la aparición de un nuevo foco integrista radical. La coalición podrá, tal vez, eliminar a Gadafi, pero tendrá que asegurarse de que no sea reemplazado por un régimen más radical y, como el actual, nada democrático».

Quiénes son los autores del informe
Yves Bonnet. Ex director del servicio de contraespionaje francés y experto en temas de seguridad internacional y terrorismo. Es el fundador y presidente del Centro Internacional de Estudio e Investigación del Terrorismo y de Ayuda a sus Víctimas (CIRET- AVT).
Sayda BenHabylès. La ex ministra argelina que recibió un premio de las Naciones Unidas por sus trabajos sociales ha sido también miembro fundador del CIRET-AVT. Hoy es presidenta de la Federación Internacional de las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo.
Eric Denece. Trabajó como asesor para el Ministerio de Defensa francés y formó parte de las fuerzas anti comunistas en Camboya y Birmania. Es el director del CFR2, un «think tank» independiente sobre los servicios secretos y autor de ensayos sobre operaciones especiales, terrorismo, servicios secretos y espionaje industrial.
Roumiana Ougartchinska. Especialista en países del Este y periodista de investigación. En sus trabajos aborda asuntos de actualidad y temas sensibles de geopolítica.