La «fiesta» de los indignados

La Razón
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Cerca de 250.000 euros a las arcas públicas ha costado la «fiesta» de los indignados en Barcelona. No está mal. El movimiento ha ido evolucionado a peor y se ha convertido, como era previsible, en una expresión de la izquierda radical a la búsqueda de una nueva identidad. No es algo nuevo, sino que se repite cíclicamente. Durante los últimos cien años han sido de todo y ahora toca el «perro flautismo» aderezado de eso que llaman democracia real con el uso de las redes sociales como si hubiera otra que la parlamentaria. Es indudable que la crisis económica golpea la conciencia de todos y que los políticos, como sucede en todos los países, reciben las críticas más duras y se cuestiona su papel. Es algo tan normal como comprensible. No obstante, la inmensa mayoría apoya el sistema, que siempre es mejorable, y participa en las elecciones. El movimiento de los indignados ha evolucionado a peor y el rastro que ha dejado, incluido el coste para el erario público, es un claro ejemplo de ello. Al final confluirá en esa redefinición de la izquierda y nada más.