El extraño regreso del mulá Omar

En el enrevesado culebrón de las negociaciones de paz con los talibán, ayer se vivió un nuevo capítulo a caballo entre la farsa y la milagrería. Nada menos que el mulá Omar, el fugitivo más buscado, se habría «aparecido» en el camino a una diputada afgana con la intención de ofrecer la negociación y la paz, pero «sólo a través de ella».

Una de las escasas fotografías del mulá Omar
Una de las escasas fotografías del mulá Omar

Así, al menos, lo relató ante la Prensa internacional y ante los representantes diplomáticos occidentales la señora Homa Sultani, veterana activista pro Derechos Humanos y actual diputada por la provincia de Ghazni. Según su versión, se encontró con el mulá Omar en una carretera a 150 kilómetros de Kabul. Estaba acompañado, pero su «escolta» se retiró a una distancia prudencial. Ambos se sentaron frente a frente, ella velada; se miraron a los ojos y lloraron por la dramática situación del país. El mula ofreció negociar la paz y la convirtió en su mensajera. Desafortunadamente, no le permitieron sacar fotografías del encuentro ni llamar a otros testigos. Todo lo que presentó, como prueba, fue un papel con una firma que, según dice la diputada, es de puño y letra del mulá. En él, están escritas en dari las condiciones para abrir las conversaciones, pese a que la lengua materna de Omar, como la de la mayoría de los afganos, es el pastún.
Ni que decir tiene que los talibán han reaccionado al «anuncio» con presteza, tildando de patraña toda la historia y reafirmando que «no habrá conversaciones de ningún tipo mientras las tropas extranjeras permanezcan en el país».
¿Y qué dicen los occidentales? Tienden al escepticismo. Pero les gustaría creer a la diputada. Al fin y al cabo, el tiempo de la retirada se echa encima y el espectro de la tiranía religiosa talibán ronda por caminos y ciudades.