Ciclismo

La RazónLa Razón

Los ciclistas corren, aunque en ocasiones contadas pedalean sin más, pasean; los ciclistas luchan, arriesgan, sufren caídas muy dolorosas y erosiones y quemaduras y catarros que apenas se pueden tratar. Algunos ciclistas se dopan, hacen trampas. Los ciclistas mueren. La muerte del ciclista, más allá de la película de Juan Antonio Bardem, a veces es una doble fatalidad, por el suceso y porque, como en el caso de Weylandt, cubría la baja de Benatti. El ciclismo es espectáculo, una guía de viajes, la entrada gratuita a un teatro con escenarios naturales. El ciclismo es competencia, a veces desleal. El ciclismo es solidaridad y entrega absoluta: líderes y gregarios. El ciclismo es compañerismo, aldea global. El ciclismo es éxito, satisfacción, alegría, tristeza, desolación, ilusión, un deporte agónico. El ciclismo es drama y tragedia. Es lírico y épico, guapas azafatas en la meta y «vampiros» y gendarmes en el hotel. El ciclismo es Simpson, Santisteban, Agostinho, Casartelli, Espinosa, Sanroma, Morales, Gálvez y Weylandt. Descansen en paz. Viva en paz el ciclismo.