Valladolid

La historia continúa

- Valladolid. Cuarta de la Feria de la Virgen de San Lorenzo. Se lidiaron toros de El Torreón, bien presentados. El 1º, flojo y protestón; el 2º, noble y con movilidad; el 3º, premiado con la vuelta al ruedo; el 4º, descastado; el 5º, de mala clase; y el 6º, con movilidad. Lleno de «No hay billetes».- Manolo Sánchez, de grana y oro, estocada (palmas); estocada buena, aviso (saludos).- José Tomás, de azul y oro, dos pinchazos, aviso, estocada baja (saludos); estocada baja (saludos con división).- Leandro, de grosella y oro, estocada (dos orejas); dos pinchazos, estocada, descabello (ovación).

Leandro ejecuta una manoletina a pies juntos, ayer, en Valladolid
Leandro ejecuta una manoletina a pies juntos, ayer, en Valladolidlarazon

Una vez más ocurrió. La faena lo valía. Lo habíamos vivido, sentido en los tendidos desde que José Tomás se abrió de capa. A pies juntos, por cierto. Con el compás abierto después para quitar por chicuelinas. Su versión 2011. E hizo el quite tan solo tan solo que de pronto el ruedo nos pareció grande. Uno, dos, quién sabe igual tres o cuatro lances. Máxima expresión. Tras pedir permiso al presidente se fue a brindar y a Joaquín Ramos lo sacó del burladero del callejón: su hombre de campo, quien navega en las ganaderías en busca del toro del triunfo. La tranquilidad nos duró poco, qué digo, poquísimo. De perfil, casi de espaldas, citaba al toro en el tercio, por alto resolvía el viaje, hasta que en uno, el toro se lo llevó al pasar con la pata de atrás y quiso hacer presa tras de él. Un susto, que absorbimos de inmediato, tan rápido como se volvió a poner el torero delante y de la misma manera, como si no hubiera pasado nada. A aquello le siguió un toreo bonito, ligado y ajustado por la derecha. Era el toro noble pero había que medir cuánto apretarle en la muleta. José Tomás sin renunciar a la pureza, fue componiendo un trasteo bonito, despacioso, de toreo bueno por momentos, para acabar, o eso creíamos, con unas roblesinas suma de circulares, que parecen no encajar en su sobrio estilo. Se tiró a matar y cobró un pinchazo, con manoletinas a compás abierto intentó maquillarlo. La espada no se aliaría con él de nuevo.

Para hablar de pleno, Leandro cortó dos orejas del tercero. La historia que se repite en los siete paseíllos de Tomás, el tercero siempre sale en volandas de la plaza. Curiosa coincidencia. El quinto, descastado y soltando la cara, hizo saltar las alarmas. Se puso Tomás, y lo lidió al cabo de un rato. Se respiraba un ambiente raro, de ahí la división cuando salió a saludar.

Leandro hizo el esfuerzo de torear en su tierra con una complicada lesión en la mano. Y salió el tercero para compensarle las fatigas. Tomó una sola vara y fue en toriles, al lugar al que viajó el toro nada más salir el picador. Después lo embistió todo, por abajo, con mucho que torear.
Encastado toro. Y difícil, rozaba la barrera de temperamento en esa embestida inagotable. Leandro dio una buena versión. Más ajustado, al cien por cien de entrega y trabajándose los muletazos. El pase de pecho no era una casualidad: lo llevaba, buscaba rematar un poco más allá. Como el toro transmitía y al torero no se le notaron fisuras, la faena explotó. Colofón de manoletinas y una estocada cobrada con puntazo incluido en la ingle. No quería que se le escapara. Dos orejas y vuelta al ruedo para el toro, con dudas...
El sexto tuvo movilidad y faena por hacer. Leandro tiró de voluntad, de querer, menos rotundo y destemplado con el acero.

Manolo Sánchez se despedía de Valladolid, su tierra, la plaza en la que tantas veces ha toreado. Y la suerte le miró de espaldas. Su primero por flojo acabó protestón y torear era un espejismo. Al cuarto la casta le quedaba lejos y todo lo ocurría en el redondel era una levedad que no llevó a ninguna parte. A pesar de los esfuerzos de Manolo Sánchez. Vencido el cuarto. Su turno, su tarde, fue a recoger la ovación a los medios y agarró un poquito de arena. Manolo Sánchez se despedía, y por eso Leandro le brindó el sexto.