«No venimos de botellón»

Los jóvenes abarrotaron ayer las 167 catequesis que se celebran en Madrid

Los peregrinos, ayer en la parroquia de Nuestra Señora de Europa para escuchar al cardenal Maradiaga
Los peregrinos, ayer en la parroquia de Nuestra Señora de Europa para escuchar al cardenal Maradiaga

MADRID- «¿Hay algún hondureño por aquí?», deja caer el «speaker» desde el ambón. Y tímidamente el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga saluda desde la sacristía, con una sonrisa que no perderá en toda la mañana, esa cercanía que abandera el arzobispo de Tegucigalpa y el presidente de Cáritas Internationalis y presidente de Caritas Internacional. La parroquia Nuestra Señora de Europa acogió ayer una de las 167 catequesis que hasta mañana pueblan toda la Comunidad de Madrid en más de 30 idiomas. Así, en Nuestra Señora de África unos 300 chinos llenaron el templo mientras los alemanes se concentraban en la Parroquia Santa Paula y un centenar de jóvenes con discapacidad auditiva acudían a La Purísima, que dispone de un bucle magnético, que facilita la recepción de la catequesis a personas con prótesis auditivas.
En todos los lugares, cada uno en su lengua, se reflexionó sobre el lema de la JMJ: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe». Así Rodríguez Maradiaga propuso a los jóvenes presentes en una parroquia abarrotada –también entregada-, que orientaran bien lo que vino a llamar el «GPS espiritual» guiado por tres satélites: la Palabra de Dios, la Eucaristía y la Virgen María. «Al principio los navegantes se guiaban por las estrellas. Hoy sólo se mira a las de Hollywood. Ni siquiera se utiliza la brújula, tampoco en los aviones», dijo el cardenal saxofonista. Lamentó el actual «ambiente en el que Dios está eclipsado, en el que se niega su existencia. Cuando se priva a la sociedad de Dios, se edifican altares a otros dioses. ¿Qué está diciendo el primer ministro de Gran Bretaña estos días por los sucesos violentos que vive el país?». Y recordó la llamada de Cameron a «recobrar la dimensión moral de nuestro pueblo».
Frente a ello, el hondureño propuso a los jóvenes que se hicieran dos preguntas claves: «¿Quién soy yo? ¿Para qué vivo? Si no buscas a las respuestas, vas a la deriva. Al que me diga de ustedes que no quiere ser feliz le busco una entrada a un psiquiátrico. La felicidad se encuentra haciendo felices a los demás. Ser feliz es la experiencia más sublime». A renglón seguido les invitó a que pusieran «los cimientos en Cristo para construir su vida». «El terremoto de Chile, la buena construcción de los edificios y la respuesta admirable dada por los chilenos nos da un ejemplo de cómo hemos de edificar nuestra fe y examinar cómo construimos nuestra vida», aseguró, a la vez que se detuvo en una enfermedad: «Tengo "depre". Si tengo una fe firme y fuerte no vamos a caer de estas aguas turbulentas, es esa fuerza que nos invita a crecer y ser positivos a no dejarnos llevar por los problemas».
A los jóvenes, con los que cantó en varios momentos de la catequesis les recordó que «no hemos venido de botellón ni a un concierto de rock, hemos venido a un encuentro con Cristo y con los hermanos. Ustedes no se dan cuenta del bien que están haciendo participando en esta JMJ».
¿Las sensaciones de los peregrinos a estas palabras? «Torero, torero», le corearon nada más terminar su alocución. Y como no se trata sólo de que el ponente exponga, también hay hueco para un «Tengo una pregunta para usted», con inquietudes tales como fomentar la unión en la Iglesia, evangelizar a los amigos que no creen o, incluso, pedir una bendición para unos novios que se conocieron en la JMJ de Colonia. Y Maradiaga, con su sonrisa, responde. Y bendice.


EN PRIMERA PERSONA
En el turno de preguntas, una joven le preguntó al cardenal por su vocación, y Maradiaga no tuvo problema en contestar que «quería ser aviador y aprendí con 14 años de forma clandestina. Yo estaba feliz en las nuebes, pero un día en un retiro me dijeron: ‘‘Si el Señor te pide que le sigas, no seas corbade''. Y yo, como no soy cobarde, le seguí y aquí estoy».