Es periodismo Wikileaks

Su fundador, Julian Assange, critica a la profesión por «su falta de integridad y su constante peloteo a las fuentes gubernamentales»

Su fundador, Julian Assange, critica a la profesión por «su falta de integridad y su constante peloteo a las fuentes gubernamentales»
Su fundador, Julian Assange, critica a la profesión por «su falta de integridad y su constante peloteo a las fuentes gubernamentales»

Wikileaks. Es la palabra que está en todas las bocas, en todos los debates. Y no es para menos. Más allá de la importancia de los documentos que ha ido haciendo públicos tanto la pasada semana como en anteriores ocasiones, me interesa especialmente el papel que juega su irrupción como fenómeno informativo en el panorama periodístico actual.

Para muchos, su labor pone en entredicho la labor del periodismo tradicional. Su fundador y portavoz, Julian Assange, aseguraba recientemente en una entrevista que «dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista», por lo que el denomina «abusos» de esta profesión. «¿Qué abusos?», le preguntaba la periodista. «El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales». Ahí es nada.

Me muestro de acuerdo con Assange en buena parte de sus declaraciones acerca de esta profesión y sus miserias. Falta de cuestionamiento y de integridad son acusaciones muy duras pero no se alejan mucho de la realidad. Los medios y los profesionales no buscan sino el éxito, la primicia, vender más, influir más, tener más eco mediático… ¿Escribimos pensando en el público? Hace mucho tiempo que no, que perdimos de vista al lector, al oyente, al espectador, y eso nos ha conducido a alejarnos de la sociedad y a ser prescindibles. Y sitios como Wikileaks demuestran que la tecnología nos ha puesto en el disparadero y que, o evolucionamos o nuestro papel en el proceso informativo queda en entredicho.

Sin embargo, en lo que se refiere a la forma de trabajar de Wikileaks, no tengo claro que pueda denominarse periodismo. Hay quien asegura que se trata de periodismo sin periodistas, pero me surgen dudas acerca de si recibir cientos de miles de documentos y colgarlos en la red, para que el lector rebusque como en una suerte de rastrillo virtual, es periodismo. No estoy cuestionando el valor de la información que aportan estos informes, pero discrepo en cuanto a que la forma de darlo a conocer sea algo equivalente al periodismo.

Si yo mañana encuentro unos informes confidenciales y los cuelgo de mi página de internet, para que cualquiera pueda tener acceso a ellos, ¿estoy haciendo periodismo? Evidentemente, no. Pero, además, me surge la duda de si es necesariamente bueno que toda esa información en bruto sea accesible para cualquiera. ¿Por qué? Obviando la idea de que existan guerras «legales» y guerras «ilegales» -o justas e injustas-, no es menos cierto que todos los conflictos bélicos, todos, provocan daños colaterales, sacan lo peor del ser humano estén en el bando que estén y esconden actuaciones atroces de un lado y de otro. La participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en Europa para combatir el nazismo es un claro ejemplo de «guerra justa» y, sin embargo, un «wikileaks» de entonces habría podido sacar miles de trapos sucios de las tropas yanquis a su paso por el viejo continente.

¿Qué ha hecho Wikileaks hasta ahora? Pues, realmente, poner letra a una música que todos conocíamos, concretar con cifras lo que cualquiera podía imaginar. Quiero decir con todo esto que no creo que lo que hace Wikileaks sea, ni remotamente, periodismo de investigación. Este mismo lunes «The Independent» informaba de que antiguos miembros de Wikileaks han denunciado que la «obsesión» de Assange con el Ejército estadounidense ha hecho que no se hagan públicas otras filtraciones . Y es que, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.