Teatro

Héctor Alterio: «Soy dócil Sólo pido trabajar con gente que no sea histérica»

Cerrará agosto en el Teatro Romano de Mérida, ese lugar donde las piedras devoran actores, como decía Nuria Espert. Pero en esta ocasión no tendrá que dejarse la voz durante un par de horas para cosechar aplausos. Recibirá la ovación del galardón a toda una trayectoria de los Premios Ceres que, por primera vez, entrega el Festival de Teatro Clásico como clausura de esta edición

«El reverdecer del cine argentino se debió a España. Las puertas de los festivales se abrieron con las coproducciones»
«El reverdecer del cine argentino se debió a España. Las puertas de los festivales se abrieron con las coproducciones»

Fue el acento argentino del cine español (gracias a un exilio forzoso de la dictadura militar)hasta que Darín se apoderó de la cartelera, justo antes de convertirse en el padre de Belén (Malena Alterio), de la serie «Aquí no hay quien viva». Con 82 años, no tiene en su agenda abandonar la «gimnasia» que es para él ver subir y bajar el telón todos los días del lado de los focos.

–Asegura que el éxito dura poco, pero usted, a los 83 años, sigue cosechando aplausos y llenos...
–Todo dura un parpadeo. Todavía tengo la imagen de cruzar la calle con mi hijo de 4 años y ahora ya tiene 42 (el también actor Ernesto Alterio). Lo importante es tener un poco de realismo y no creer que todo permanece la vida entera.

–A partir de los doce años empezó a hacer travesuras en el teatro y ya no paró. ¿Ha cambiado mucho el oficio desde entonces?
–Con el adelanto técnico, las cosas en cine y televisión son diferentes. En transmitir las emociones, no: nosotros de un lado y los espectadores del otro.

–¿Qué queda del chico tímido, enfermizo, apocado y temeroso que dice que fue?
–El recuerdo. Lo solucionaba poniéndome trapos encima o pintándome la cara. Tapar al verdadero y así el ficticio me posibilitaba hacer lo contrario: ser valiente, atrevido, conquistador, cómico, chistoso...

–Dedicarse a la venta ambulante tras la muerte de su padre le dio tablas.
–No conscientemente, pero eso me posibilitaba tener más tiempo libre. Me dediqué muchos años a ofrecer mercadería por las calles y las casas. Así comprobé que mi país está conformado por nacionalidades diversas, cada uno con su musicalidad, su acento, sus expresiones: judíos, árabes, libaneses, turcos... Por eso nunca hemos aceptado el doblaje. Aunque no les entendiéramos siempre hemos escuchado la verdad de los actores. De ahí la vocación de imitación, el sentido del humor.

–Ahora que habla de su tierra, dice que disfruta de sus estancias en Buenos Aires porque va con billete de vuelta...
–Es un salvoconducto que tengo. Me han tocado muchas situaciones. A principios de los 80, estaba allí cuando Argentina le declara la guerra a Inglaterra por las Malvinas. Me sorprendió que en todos mis amigos surgiera un nacionalismo muy acentuado. Me di cuenta de que venía ya con un razomaniento más amplio y entendí que todo aquello era una locura. Así que me toqué el billete de vuelta en el bolsillo y razoné que era un extranjero en mi propio país y no podía participar de esa discusión.

–De aquella experiencia tan dolorosa: un exilio forzoso en España cuando venía por solo una semana, al Festival de San Sebastián, surgió la oportunidad de su vida: trabajar con asiduidad en dos continentes.
–Una oportunidad que se materializó con españoles que no tenían historia comigo y se comportaron como si fueran amigos. En las situaciones límite uno averigua quién es quién. Eso contribuyó de manera decisiv a a empezar a querer este país.

–Usted que sabe de exilio, ¿qué le recomendaría a esos españoles que vuelven a emigrar por la actual situación económica?
–Que lo hagan lo más rápido posible, antes de que venga el vendaval definitivo. No, ya en serio: que oigan a su propio corazón.

–«En el teatro es donde soy patrón de mi trabajo». ¿Eso quiere decir que no se lleva bien con los directores de cine?
–Soy muy dócil, solo quiero trabajar con gente que no sea histérica. Acepto mansamente con respeto al director. Pero disfruto cuando el actor se queda solo en escena. Como decía un gran boxeador argentino, Bonavena, «cuando te quitan el banquillo del ring estás solo», así me siento yo frente al público. Es entonces cuando me siento dueño de mi trabajo. Puedo pensar los silencios, gratificarme con la risa y más con los aplausos.

–Ya ha recibido varios galardones por toda su trayectoria como el Premio Ceres que recogerá el jueves en Mérida, entre ellos un Goya de Honor. Cuando un actor logra algo así quiere decir que ha sonado muchas veces el teléfono en su vida. ¿no?
–Y otras muchas veces no... No fue mi intención que esto ocurriese, pero el caso es que pasó. Lo que más me satisface es que me lo entregue un festival que tiene al frente a un amigo, Jesús Cimarro, una persona honesta que lo ha reflotado después de una situación un poco engorrosa.

–Vuelve a Mérida después de que «Yo, Claudio», la versión escénica de la novela de Robert Graves, se convirtiera en la obra más vista de la historia del festival en 2004.
–Sí, fueron cerca de 3.000 espectadores por función. La sensación que yo tenía cuando comenzaba cada una, ese silencio en esas piedras históricas, era impresionante, y más cuando hay que esperar hasta las once de la noche para empezar. Sentía verdaderamente una emoción difícil de verbalizar, un respeto único, frente a esa masa de gente enorme. Eso sí lo guardo como un gran galardón.

–A lo largo de tanto tiempo de carrera supongo que le habrá ocurrido lo contrario: encontrarse un patio de butacas vacío...
–Sí, claro. Recuerdo una vez que estábamos haciendo una función de tres actos. En el primero había unas 15 personas en la sala; en el segundo quedaron seis; y cuando va a empezar el tercero, una voz nos dice: «Ya se fueron todos». Ahora se pueden contar con gracia, pero en mi juventud fue todo un trauma.

–Protagonizó «El hijo de la novia», el arranque del idilio entre el cine español y el argentino. ¿No cree que ocurre ahora igual con el teatro: Veronese, Tolcachir, Messiez...?
–Ese reverdecer del cine argentino se debió al aporte español, a las coproducciones que nos abrieron las puertas de los festivales. Hoy hay además muchas mujeres talentosísimas que están haciendo una gran carrera. Me siento partícipe de todo eso, de haber colaborado con mi trabajo.

–Como declarado «merengón», ¿cómo está viviendo el arranque de Liga?
–Mejor no lo menees, por favor. A ver si esta noche en el Bernabéu nos resarcimos de los dos primeros partidos.