Técnica del golpe de Estado por César Vidal

Desde que el Diablo entró en el Edén para engañar a Eva y apoderarse del poder en la Tierra, el golpe de Estado ha formado parte de la Historia 

El presidente de Ecuador Rafael Correa sufrió un golpe de estado, pero lo consiguió parar
El presidente de Ecuador Rafael Correa sufrió un golpe de estado, pero lo consiguió parar

Cómo se da con éxito un golpe de Estado? La respuesta a esa fatídica pregunta se ha ido forjando a lo largo de los siglos de una manera notablemente exacta. Salvo excepciones como algunos golpes de Estado en el continente africano en que bastaba que una compañía de soldados tomara la única emisora de radio, el golpe de estado necesita seguir unas reglas concretas para triunfar. La primera es su legitimidad real o aparente. La situación nacional se ha tenido que deteriorar de tal manera o la presunta amenaza ha de parecer tan real que pueda argumentarse la justicia del golpe. Fue el caso de los bolcheviques en octubre de 1917 o el del PSOE y la ERC en octubre de 1934. No existía ningún peligro objetivo de reacción, pero en ambos casos se alegó para justificar el asalto a la legalidad. Naturalmente, también se ha señalado que la amenaza al orden establecido viene de fuerzas revolucionarias como afirmaron los militares alzados en España en julio de 1936 o en Chile en 1973.

El segundo requisito para el triunfo del golpe es el respaldo o, al menos, la pasividad de las fuerzas armadas. Ése fue el caso de los golpes de éxito en Uruguay, Chile o Argentina durante la década de los setenta del siglo pasado. El fracaso en este aspecto puede implicar el fracaso – como sucedió en octubre de 1934 en España– e incluso el estallido de una guerra civil en la que se enfrenta un ejército dividido (España en 1936) o el antiguo ejército con uno nuevo (las guerras civiles rusa, finlandesa o griega).

Control de los medios
La tercera exigencia es el control de los medios de comunicación. Hay que abortar desde el principio la posibilidad de que éstos alerten a la población y contribuyan a la resistencia. En ese sentido, la torpeza a la hora de controlar la radio y la TV – ¡incluso de apagar las cámaras del congreso!– posiblemente fue la causa principal del fracaso del 23-F.

En cuarto lugar, un golpe debería estar revestido de vía de escape para el caso de que se produjera su fracaso. En ese sentido, la famosa conspiración de Catilina proporciona un ejemplo extraordinario. Hasta la fecha, se sigue culpando del frustrado golpe a Catilina, pero parece que entre las candilejas se agazapaban Craso y César dispuestos a aprovecharlo. A la vista de todo lo anterior, cabría preguntarse si existe el golpe perfecto. La respuesta es afirmativa. Un golpe perfecto fue el dado por Mussolini con la Marcha sobre Roma ya que, dentro de la legalidad, entró en el gobierno y, desde él mismo, ganó las elecciones, deshizo el sistema parlamentario e implantó su dictadura. Seguramente, hoy en día el golpe perfecto se concebiría como un hecho que traumatizara a la opinión pública; que pudiera ser utilizado por medios de comunicación cercanos a los golpistas; que provocara un deseado vuelco electoral y que, precisamente por todo lo anterior, nadie pensara que es un golpe.

Difícilmente existiría un golpe más inicuo; más desprovisto de sus apariencias y, a la vez, de mayor éxito.