Historia

Buenos y sicarios

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José Antonio Griñán espetó a la oposición del PP en el Parlamento andaluz: «El que Zapatero sea malo no les convierte a ustedes en buenos». Fue tal el cachondeo en toda España que nadie observó que habíamos asistido al poco habitual espectáculo de un jerarca socialista que decía la verdad. Por asombroso que parezca, es incuestionable que el gruñón Griñán dijo una verdad como un templo, o más bien dos: Smiley es efectivamente malo, y la perversidad en su haber no puede contar en el debe de Barbie y su parvulario, salvo que creamos, como la cínica Susanita de Mafalda, que los crímenes de los homicidas nos hacen mejores a los demás. Además de la impostura, de otra faceta del progresismo brindó una pista Cándido Méndez. Resulta que José Luis Feito, presidente de la comisión de Economía de la CEOE, le dijo a Carlos Herrera en Onda Cero que la huelga general con la que amenazan los sindicatos es «infantil, inmadura y absurda», tres calificativos a mi juicio moderados. Y el señor Méndez acusó al economista de «sicario», es decir, de ser un asesino a sueldo. Recordemos que los nazis y los comunistas no empezaron asesinando sino demonizando. La demonización es parte sustancial del totalitarismo: los otros tienen que ser terriblemente malvados, tienen que ser judíos infames que amenazan Alemania, tienen que ser monstruos terroríficos enemigos del proletariado progresista. Ya después tronará el escarmiento, con toda justicia, claro.