Atropello europeo

La Razón
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Siempre he sido un europeísta convencido. Lo fui bajo la dictadura franquista, cuando lo único que se sabía de Europa es que era un viejo continente. También cuando Felipe González nos metió de cabeza en la UE, e incluso, con el Tratado de Maastricht, Schengen o el euro. Lo fui, lo soy y lo seguiré siendo, porque soy de los que opinan y creen en la Unión Europea. Pero hay cosas últimamente de la UE que me provocan un sabor agridulce. Me refiero al rescate griego, a los que estamos hipotecando su futuro sólo para salvar el nuestro. Me refiero también al acuerdo de la Comisión Europea del Transporte que frena el Corredor Mediterráneo en Valencia y lo desvía posteriormente a Madrid, dejando fuera del mismo a un 40 por ciento de la población española entre Alicante y Algeciras. Una zona donde se produce el 50 por ciento de la producción agraria e industrial, el 60 por ciento de las exportaciones, el 65 por ciento del tráfico marítimo y el 70 por ciento del turismo nacional. Una auténtica barbaridad. Un atropello en toda regla. De nada vale la unidad de nuestras respectivas sociedades frente a los burócratas europeos, algo que no puede quedar sin respuesta. El Corredor Mediterráneo es posiblemente la mayor inversión transeuropea de transporte y acabar con él es condenarnos como a Grecia, algo sin duda, que no debemos permitir.