Un debate con aires de despedida y adelanto electoral

Pidió un esfuerzo colectivo más allá de las próximas elecciones generales gobierne quien gobierne entonces, se propuso culminar las reformas emprendidas, dijo que hay tiempo para debatir nuevas propuestas..., pero ni una sola vez explicitó Zapatero ayer durante el vigésimo segundo Debate de la Nación que la legislatura fuese a durar hasta marzo de 2012.

Rodríguez Zapatero se dirige hacia el hemiciclo
Rodríguez Zapatero se dirige hacia el hemiciclo

Todo sonó en el Palacio de San Jerónimo a despedida y música electoral. Es más, tras sus palabras de ayer uno apostaría a que el adelanto está a la vuelta de la esquina y que en otoño España volverá a abrir las urnas. ¿Por qué si no el presidente del Gobierno aprovechó los últimos minutos de su intervención para despedirse del Congreso y mostrar su «respeto más profundo» a España y desear «una convivencia en paz y en libertad»? ¿Era el momento de recordar los intensos debates en ocasiones «acalorados» y dar las gracias a todos los grupos de la Cámara, aun con sus «críticas y reproches»? ¿Por qué ese sentido tributo al Grupo Socialista por su actitud de responsabilidad, que es «la que se espera de los políticos hoy, mañana y todos los días»?

La legislatura está agotada y Zapatero se va. Es la conclusión que extrajeron prácticamente todos los portavoces parlamentarios tras escuchar a un presidente al que el PSOE despidió por la mañana en pie y con un prolongado y sentido aplauso. Pocos tienen ya dudas respecto al adelanto. Y eso que durante su último duelo parlamentario con Mariano Rajoy, el presidente se cuidó mucho de deslizar una sola frase que pudiera leerse en esta clave. Ni dio agua al enemigo ni se rindió. Pero en ocasiones son más importantes los gestos que las palabras. Aun así, presidente y jefe de la oposición se desearon lo mejor en el terreno personal y familiar.

«Le reitero el respeto y la consideración a su persona, que sabe que le profeso y aprovecho para expresarle mis mejores deseos en su futuro personal y familiar», le soltó un Rajoy tan convencido de que habrá pronto elecciones como otros muchos. También el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, transitó por esa senda: «Quiero agradecerle como presidente del Gobierno el tiempo que ha dedidado a servir a su país, bien o mal, la historia le juzgará. Y también a su familia por el tiempo que le hemos robado al servicio de este país». Antes, había dado por «agotada» la legislatura y abogado por la convocatoria electoral en otoño.

Y más allá de esta balada triste de despedida, el Parlamento vivió un Debate de la Nación que resultó una réplica casi idéntica a la del año anterior en lo que se refiere al intenso cara a cara que protagonizaron Zaptaero y Rajoy. El primero porque hizo el mismo diagnóstico de la crisis económica que hiciera el año pasado, justificó con idénticos argumentos las medidas adoptadas por su Gobeirno y volvió a reafirmar el triple eje de su política: las reformas, la austeridad o consolidación fiscal y la cohesión social. El segundo, porque volvió a pedir el adelanto electoral como en 2010 y a exigir que Zapatero acabe con la «lenta agonía» y el «calvario» que sufren los españoles. «Lo que necesita España es que se abran las urnas, y que los ciudadanos puedan escoger no tanto quién les gobierna, sino a quién trasladan esa confianza que este Gobierno ha malgastado», le espetó Rajoy con esta y una docena más de expresiones distintas para pedir una y otra vez el adelanto.

De no ser por la presencia de Bildu en las instituciones vascas –a la que uno y otro dedicaron alguna referencia–; por los guiños del presidente al movimiento 15-M; las propuestas de Rajoy de hacer una ley para emprendedores y los anuncios de Zapatero para aprobar una regla de techo de gasto en las autonomías, una línea de crédito ICO para que los ayuntamientos hagan frente a la deuda con los proveedores y unas medidas para quienes les resulta imposible atender el pago de su hipoteca, parecía como si el reloj del Congreso se hubiese parado hace un año. La similitud con la edición anterior del Debate de la Nación se extendió incluso en el cruce mutuo de acusaciones.

Zapatero reprochó a Rajoy que «mintiera a sabiendas» en su manejo de las cifras económicas, le acusó de no tener «ni criterio, ni plan ni programa para decir qué reformas quiere», y censuró que sólo se dedica a oponerse a las medidas del Ejecutivo. Le llamó, esta vez, «el perro del hortelano: ni apoya ni propone». Rajoy, por su parte, le recordó que había recibido la mejor herencia económica de la democracia y que iba a dejar la peor. El momento más tenso llegó con las réplicas y contraréplicas: «Yo le acuso de dar cifras sobre nuestra riqueza, renta per cápita y deuda pública que no se corresponden con la realidad», le soltó el presidente antes de deslizar que el único parecido de España con Grecia era la oposición. Un Zapatero visiblemente irritado subrayó que la única cifra manejada por Rajoy que no iba a discutir era la del paro.

En todas las demás (renta per cápita, deuda pública o cobertura social), «yo le acuso de mentir», profirió quien aún se erige en presidente de las políticas sociales. «Ya está bien de echar la culpa a los demás», le replicó Mariano Rajoy después de rebatir la acusación de que no había colaborado en las reformas y enumerar las decenas de enmiendas que su grupo había aportado a los proyectos del Gobierno y habían sido desestimadas una tras otra. «Nunca en este Parlamento la oposición hizo tantas propuestas y nunca el Gobierno votó tantas veces en contra de ellas», exclamó. Intenso rifirrafe interrumpido en ocasiones con murmullos de las respectivas bancadas y llamadas al orden del presidente Bono. En esto si que no se atisban cambios, haya o no elecciones.