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Johan contra Cruyff por Lucas HAURIE

Como dos hermanos que libran una guerra por la herencia de su padre, señor feudal, españoles y holandeses se enfrentarán mañana en Johannesburgo para dilucidar quién es el depositario de las esencias cruyffistas. Juan sin Tierra y Ricardo Corazón de León conflagrados por la corona de Inglaterra que perteneció al padre de ambos, Enrique II.

La Razón
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Por un lado, esos gnomos descendientes en línea directa de una inacabable dinastía de centrocampistas (entonces Milla, Amor, Guardiola, Celades; ahora Xavi, Iniesta, Arteta, Cesc, Busquets…) que soban la pelota como Rostropovich decía que había que acariciar el chelo; por otro, los vertiginosos soldados de Van Maarwijk, que llevan la misma camiseta naranja con la que el genio y su mentor, Rinus Michels, revolucionaron el fútbol en los setenta.

Se trata de un episodio más de la vieja disputa entre el «ius sanguinis» y el «ius soli». El toque en movimiento nació en Holanda, pero encontró, hace veinte años, su residencia en esa región aún española cuya capital es Barcelona. Gane quien gane, este primer Mundial africano le habrá dado a Johan Cruyff el título que le negó cuando, imperial, lucía la casaca 14 de los «oranje».

El torneo mundialista, sin embargo, no ha zanjado el eterno debate de los estilos porque es mentira, contrariamente a lo que pretenden divulgar ciertos panegiristas con pulsiones inquisidoras, que una determinada forma de jugar prevalezca sobre las demás. ¿Por qué han de ser los títulos de Mourinho una incómoda casualidad y los de otros técnicos la plasmación del triunfo del Bien sobre el Mal? Al final, siempre depende de los jugadores.