Pilar Cernuda: «La polución me afecta mucho a los ojos»

«El síndrome de la Moncloa» es el último libro de Pilar Cernuda. En él se cuenta cómo le afectó el poder a los cinco presidentes que hemos tenido hasta ahora en nuestro país: Suárez entró en depresión, Felipe dejó de escuchar a los demás, Aznar se volvió vanidoso, y Zapatero ha cambiado totalmente; Calvo Sotelo fue el que mejor lo llevó, también porque estuvo menos tiempo. Parece como si el palacio de la Moncloa exigiera un pago personal a todo el que lo habita.

«La polución me afecta mucho a los ojos»
«La polución me afecta mucho a los ojos»

-¿Qué tiene la Moncloa para que sus ocupantes terminen padeciendo un síndrome?
-El poder siempre cambia a las personas, y a un jefe de Gobierno más porque tiene mucho, eso es normal y ocurre en todos los países del mundo. La particularidad de España es que los presidentes viven en un lugar aislado, fuera de la ciudad y rodeado de muros, lo que, se quiera o no, les produce una sensación de encierro y aislamiento que no ocurre en otros países donde las residencias presidenciales están en el centro. Uno va a Berlín, París, Roma o Londres y todas están en el corazón de la ciudad. No se sienten tan solos.

-¿En qué consiste este «síndrome»?
-Está científicamente demostrado que la gente que tiene poder sufre una transformación neurológica y le cambia el carácter y la forma de actuar. David Owens, el que fuera vicepresidente del Reino Unido y además neurólogo, se dedicó a investigar sobre este tema y dice que les aumenta la arrogancia, que se distancian de la gente, que se apropian de las ideas de los demás, que no escuchan… esos son síntomas comunes en todos los que ostentan el poder.

-Supongo que a quienes más afectará será a la familia.
-Muchísimo. Pero, por otra parte, la familia es un elemento indispensable para que sigan con los pies en la tierra. Hay un capítulo en el libro que titulo «ellas», en el que explico el papel que tuvieron las cinco mujeres de los presidentes para que ese síndrome fuera más o menos evidente.

-¿Cuándo terminan los mandatos siguen igual o vuelven a ser los de antes?
-Yo los he tratado a todos después de abandonar la Moncloa y, efectivamente, recuperaron la naturalidad en el trato, pero nunca vuelven a ser los mismos.

-Es que debe ser muy difícil cuando uno ha sido el que más mandaba en un país.
-Por supuesto. Además hay dos cosas que provocan que no te olvides nunca de lo que fuiste: La primera que todo el mundo te sigue llamando presidente, incluso tu círculo más cercano, y eso te recuerda constantemente el poder que tenías y, por otro lado, siempre quieren evidenciar que sabes más que los demás, aunque no sea cierto.

-Lo bueno que tiene el palacio de la Moncloa es que está fuera de Madrid y, al menos, tiene el aire más puro. ¿Está Madrid tan contaminada como dicen?
-Yo la veo como siempre. No creo que este año haya más contaminación que otros o esté el cielo más contaminado que antes. Lo que pasa es que hay mucha política en esto. Hay que tener en cuenta que dentro de tres meses se producen unas elecciones y la oposición ha encontrado un tema donde agarrarse.

-¿Le afecta mucho la polución?
-Sobre todo en los ojos, se me enrojecen, me lloran y siempre los tengo irritados, pero también en la piel que se reseca mucho.

-¿Existe mucha diferencia de cuando está en Madrid a cuando está en Segovia o en Lugo, sus otras dos ciudades?
-Claro, el aire del mar es otra cosa. Y en Segovia vivo en un pueblo que es un pinar y allí respiras profundamente y te evitas tres resfriados.