Estados Unidos

El «Tea Party» eclipsa a Luther King

Decenas de miles de personas asisten al encuentro del movimiento conservador en el lugar donde el premio Nobel pronunció su célebre «Tengo un sueño»

El comentarista conservador Glenn Beck reza sobre la escalinata del monumento a Lincoln durante una concentración convocada por él mismo bajo el lema "Restaurando el honor"en Washington DC., Estados Unidos, hoy 28 de agosto de 2010.
El comentarista conservador Glenn Beck reza sobre la escalinata del monumento a Lincoln durante una concentración convocada por él mismo bajo el lema "Restaurando el honor"en Washington DC., Estados Unidos, hoy 28 de agosto de 2010.larazon

Ayer, 47 años después de que Martin Luther King pronunciase su célebre «I have a dream» (Tengo un sueño) ante el monumento a Abraham Lincoln, Glenn Beck, el polémico periodista de la cadena Fox y líder del «Tea Party», se dirigió a decenas de miles personas para hablarles de una «América vuelta hacia Dios» y para rendir homenaje a los líderes de la patria.

A pesar de que esta vez el conservador sorprendió por la discreción de su discurso, el encuentro no gustó nada a algunos sectores, especialmente al Movimiento por los Derechos Civiles, que cada año celebra su homenaje a Luther King en ese espacio y que hubo de transladarse al cercano National Mall. Los demócratas tampoco tomaron a broma la concentración, celebrada dos meses antes de unas elecciones que pueden costarle la mayoría absoluta en la Cámara de representantes. Además, el principal artífice del encuentro, Beck, ha llegado a llamar a Obama «racista a la inversa».

Beck asegura que no fue consciente de la «coincidencia» hasta que el encuentro había sido ya anunciado. «Luther King no es potestad exclusiva de los negros, igual que Abraham Lincoln no lo es sólo de los blancos», afirmó.

Pero, a pesar del entusiasmo del presentador de la Fox, la estrella indiscutible del encuentro fue la ex candidata republicana Sarah Palin, recibida entre gritos patrióticos y aplausos por las decenas de miles de asistentes que desbordaban ayer la zona en el centro de la capital. La asistencia fue tan exitosa que los activistas de la «fiesta del té» llegaron a mezclarse con una contramanifestación promovida por el Movimiento por los Derechos Civiles, aunque la tensión entre ambos bandos no pasó de las palabras, a pesar de la violencia icónica de algunas pancartas. De hecho, un sector del «Tea Party» ilustró la imagen de Obama con un bigote a lo Hitler.

El reverendo Al Sharpton, líder de la marcha de los derechos civiles, se mostró indignado por «la provocación» que, según él, ha supuesto el masivo encuentro conservador. Sin embargo, pidió a sus activistas que mantuvieran «la sonrisa» y no respondieran a posibles insultos o ataques.


¿En busca de proyección política?
¿Periodista? ¿Actor? ¿Telepredicador? ¿Agitador de masas? Glenn Beck es todo eso y más. A falta de un líder republicano con carisma, Beck ha dado rienda suelta a su capacidad de comunicación para hacerse con una notable popularidad entre los descontentos y la derecha más apegada a las tradiciones «americanas».

A sus 46 años, este mormón, cuyo salario como presentador de televisión se estima en torno a 25 millones de euros, ha encontrado su audiencia más fiel, la que quiere regresar a una América que se perdió en los años 70. Sus fans, esencialmente blancos, abominan de todo lo que sea feminismo, rock o revolución sexual. Y, por supuesto, de Obama. Correligionarios, como su antecesor en la Cadena Fox, Eric Burns, le tildan de «vergüenza de los republicanos». Pero él está pensando en algo más.