Pinza contra Merkel en el G-8

NUEVA YORK- El presidente norteamericano, Barack Obama, tuvo muy claro la gran expectación que iba a provocar su reunión con su homólogo francés, el socialista Francois Hollande. Quizá, por eso, programó un encuentro con periodistas sin preguntas antes de desplazarse a Camp David (Maryland) para su reunión con el resto de los líderes del G-8.
Y, quizá, también por eso ambos presidentes se permitieron bromear con los tópicos que han servido para ilustrar las distantes relaciones entre París y Washington en los últimos años, que tuvieron su punto culminante cuando en época de la Administración Bush se propuso cambiar el nombre en el menú de la cafetería del Congreso a las patatas fritas, que en inglés se escribe «french fries», cuya traducción literal sería «francesas fritas».

Durante su reunión, ambos líderes se esforzaron por relajar el tenso ambiente derivado de la crisis de la eurozona. El presidente estadounidense reconoció –en una comparecencia conjunta sin preguntas de la Prensa– que «este asunto ha centrado parte de nuestra discusión . Y estamos de acuerdo en que es un asunto de extraordinaria importancia. Deseamos tener una discusión fructífera mañana (por hoy) con los líderes del G-8 sobre cómo abordar de manera responsable la consolidación fiscal con una agenda de fuerte crecimiento».

Respecto a la misma cuestión, Hollande aseguró que «el crecimiento debe ser una prioridad». Sobre el caso concreto de Grecia, que tantos rumores desató en la tarde de ayer, dijo que «estamos de acuerdo en que Atenas debe permanecer en la zona euro, y todos debemos hacer lo que podamos para conseguirlo». Ambos gobernantes estuvieron de acuerdo en la «extraordinaria importancia» de la eurozona para la buena marcha de la economía global. La Administración Obama está muy preocupada por el posible contagio a su economía si la crisis de la zona euro se desboca. No hay que olvidar que en Estados Unidos es un año electoral y el presidente demócrata se presenta a la reelección en noviembre. El empeoramiento de su economía le podría costar las elecciones. Su rival republicano, Mitt Romney, le ha superado esta semana en los sondeos.

La necesidad de impulsar el crecimiento en la zona euro fue probablemente el mayor consenso al que llegaron ayer ambos mandatarios. Les toca ahora convencer a la canciller alemana, Angela Merkel, que aunque ha relajado sus posiciones, no parece dispuesta a dar su brazo a torcer. Es por ello que el presidente norteamericano quiso subrayar ayer un compromiso con los planes de estímulo –dirigido sobre todo a solucionar el paro juvenil de los países más débiles de la zona euro– y con los de la austeridad. Una posición que trataría de acercarle a la mantenida con Merkel y a través de la cual se podría llegar a algún acuerdo en la cumbre del G-8 en Camp David.

En el encuentro bilateral, Obama también aprovechó para presionar a Hollande para que no adelante la salida de las tropas francesas de Afganistán como había anunciado en la campaña electoral. El presidente francés mantuvo sus posiciones y si bien aseguró que está dispuesto a proporcionar asistencia a la seguridad de Afganistán, advirtió de que lo hará de manera diferente. Un asunto que se discutirá en la cumbre de la OTAN. Y así con estas palabras le recordó al presidente norteamericano su compromiso con los franceses: «Hemos discutido la cuestión de Afganistán, y le he recordado al presidente la promesa que hice al pueblo francés de que nuestras tropas de combate abandonarían la zona a finales de 2012. Dicho esto, nuestro apoyo será de forma diferente. Todo de mutuo acuerdo con nuestros aliados». Obama subrayó que «la amistad y alianza entre Estados Unidos y Francia no sólo es de extraordinaria importancia para mí, sino también es valorada por el pueblo estadounidense».

Afganistán, la discordia
El flamante presidente francés también aprovechó para destacar que comparte la visión con Obama sobre Irán y Siria. Este asunto provocó otra de las anécdotas de la breve comparecencia ante los periodistas. Fue cuando su intérprete confundió «Irak» con «Irán», y fue corregida inmediatamente después por el líder galo.

Obama abrió la veda de bromas cuando dijo que tenía muchas ganas de que «Hollande, gran estudiante de comida rápida, me dé su punto de vista sobre las hamburguesas con queso de Chicago», la ex ciudad de residencia del presidente de Estados Unidos. Después Hollande siguió el juego con el comentario de que «no diré nada en contra de las hamburguesas con queso». Y el líder estadounidense tuvo humor para continuar cuando dijo que «van muy bien con las patatas fritas», que en inglés se dice «french fries». En su visita a Washington, Hollande también fue el invitado de honor de un almuerzo organizado por la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Y se reunió con su homólogo británico, David Cameron.