Aglomeraciones y retrasos bajo tierra y colas y atascos en superficie

HUELGA DE METRO: los afectados

La primera de las tres jornadas de paro convocadas por los sindicatos en el Metro de Madrid se desarrolló con aglomeraciones en los andenes, con vagones llenos en los que los viajeros apenas podían moverse y con largos y tediosos tiempos de espera en cada estación. El baile de cifras se convirtió en la tónica del día.

 

Por un lado, los sindicatos aseguran que éste fue del 100 por cien, mientras que según la Comunidad de Madrid, el porcentaje desciende hasta el 38 por ciento. Sea como fuere, lo que parece seguro es que los mayores perjudicados del primer día de parón, por supuesto, fueron los usuarios del suburbano. La hora punta se dilató, como si de una goma se tratase, y a las diez y media de la mañana todavía había aglomeraciones en las principales estaciones, como en la de Conde de Casal. «Nada, que en este tampoco entramos», clamaba frustrada una mujer tras dejar escapar al segundo vagón consecutivo a primera hora.

 

Más suerte tuvieron Nuria y Kelly, dos jóvenes que ayer por la mañana iban al «Parque de Atracciones». Estaban a las diez y media en la misma estación y ellas si consiguieron «entrar, aunque muy apretadas» en el primer vagón que encontraron. Pero fueron unas afortunadas. Lo más habitual era encontrar viajeros que lamentaban el tiempo perdido. «Desde Carabanchel a Arturo Soria he tardado el doble que cualquier día», se quejaba Celia. En los andenes se produjeron más aglomeraciones de las habituales. Por no hablar de lo «imposible» que era «intentar respirar una vez que estabas en el vagón», como reflejaba una usuaria que coge normalmente la línea 6.

 

Aunque lo peor todavía puede estar por llegar. «Si hoy he notado los retrasos, no me quiero ni imaginar qué pasará mañana», reseñaba María en la línea 10. Allí, en la estación de Gregorio Marañón, un miembro de seguridad confesaba que «no ha habido problemas por la mañana», aunque sí que había «bastante gente». Durante todo el día de ayer, una voz en off golpeaba esporádicamente a los viajeros advirtiéndoles de que a lo largo de toda la jornada «circularán como mínino el 50% de los trenes habituales».

 

Mientras sonaba el mensaje, las caras de desesperación se apoderaban de los clientes, como Lyanea, que mientras escuchaba el anuncio espetaba que le parecía «muy mal». Su periplo por el metro se inició en Estadio Olímpico a las siete y media de la mañana, donde «casi no cabíamos en el tren». Las caras de aburrimiento mientras los minutos pasaban lentamente en el panel digital que informaba del tiempo que restaba al tren para hacer acto de aparición eran una instantánea que se repetía en el suburbano.

Una de las principales consecuencias que tuvo ayer la huelga de metro es que el tráfico en la superficie aumentó. Más coches, más uso de taxis y autobuses, con largas colas para subir a ellos, y más atascos en las principales arterias madrileñas. De este modo, entre las 06:00 y las 08:00 horas el tráfico en el centro de la ciudad aumentó un 6,14 por ciento, mientras que en la M-30 había un 16 por ciento más de coches que un lunes normal. Por la tarde, las cifras no mejoraron y los porcentajes de aumento de tráfico siguieron aumentando. Los taxistas fueron uno de los colectivos beneficiados por la huelga. «Hoy ha sido uno de los mejores lunes del año», comentaba Juan.