Fórmula Uno del mar: a toda velocidad en silla de ruedas

Será el primer español en luchar por el campeonato del Fórmula 1 del mar. Mar adentro. Pero, al contrario que el personaje de Amenábar, sin autocompasión. Antonio Rodríguez (Guinea Ecuatorial, 1963), más conocido como Toñejo, conduce una silla de ruedas desde hace 20 años, lo que no le ha impedido, además, pilotar todo tipo de vehículos de vértigo

Y, como en este nuevo reto de poner un barco a 270 km/h, competir contra personas capacitadas. La colección de trofeos del piloto podría adornar aquella pared en blanco que el médico le ofreció como futuro cuando le diagnosticó una lesión medular a la altura del esternón. «Igual no te levantas de la cama en lo que te queda», le pronosticó. Tres años más tarde subía al podio como campeón de España de Motos de Agua en la categoría Pro –la más alta–, ganando a pilotos que podrían meter gas con los pies.

Toñejo consagró su vida a la velocidad desde que su madre le permitió soltar su mano para ir al colegio. Unos patines fueron lo primero que pidió a los Reyes Magos. «Yo siempre quería ir rápido», recuerda. Con 16 años comenzó su carrera deportiva en la categoría juvenil de motocross. Dos lustros más tarde, 60 pruebas ganadas, el chico esperaba volver a ser campeón en el Raid Quinto Centenario. Un cambio de rasante no señalizado lo hizo volar por los aires. Y cambiar los patines por una silla. Nueve meses ingresado en el hospital dieron para mucho. Entre operaciones y consejos deprimentes de la psicóloga, Toñejo lo tuvo claro: volvería a pilotar.

Desde entonces, subcampeón del mundo de motos de agua, dos veces campeón de España, campeón de la Copa del Rey, campeón del Trofeo Ibérico, entre otros títulos, y piloto del Dakar en categoría de camiones. Razones de peso por las que grandes del motor, como Ángel Nieto, lo apoyan en esta nueva gesta: «Además de mantener el mismo espíritu que cuando empezó, está absolutamente preparado para competir». La primera carrera del mundial tendrá lugar en la Isla de la Palma, Dubái, el próximo abril. Cada competición se divide en dos etapas de 45 minutos y catorce vueltas. Australia, Estados Unidos, Noruega, Emiratos Árabes, Qatar, Italia, Francia, Inglaterra y, por primera vez, España serán los países participantes.

«Todos somos iguales en cuanto nos ponemos el casco», afirma, en una terraza de Madrid, cerca de la redacción de «Quad&Jet», revista en la que trabaja. Estira el cuello para beber mejor el sol, y de paso tragar su Coca-Cola Zero. Una señora con pinta de ponerse a llorar nos pregunta por una calle. Ni idea. Los de al lado tampoco lo saben. Ipso facto, Toñejo le pide que le siga a su coche para buscarla en el GPS. Abre la puerta y de un salto ya está sentado. Tras unos minutos de investigación, se acerca igual de sonriente que se va la señora. Delgado y fuerte, resalta su formalidad, camisa perfectamente metida por dentro del pantalón, cinturón marrón y zapatos a juego.

«Es muy correcto, pero en cuanto se sube al barco aparece la cara de diablo», comenta Domenico Cirili, dueño del equipo Spanish Team, en el que competirá Toñejo el próximo año. El italiano lleva ligado al Power Boat desde 1987, ha participado en 25 campeonatos siendo campeón del mundo y de Europa varias veces. Él será el «throttleman» (controlador de mandos). «Se le ponen los ojos enormes y parece que se come el mar», añade. «Yo ya iba a dejar las carreras, pero ver cómo pilota me lo ha impedido. Estar a su lado será un honor». A Cirili poco le importa que entre en el barco por su propio pie o desde una silla. Hace apenas un mes que el piloto probó el barco por primera vez y ya el equipo confió en él.

«El mar y yo formamos un buen equipo», comenta Toñejo. «La sensación de conducir un barco es emocionante porque se nota mucho la potencia, hay que anticipar la caída del barco…». La muerte de Stefano Casiraghi hace casi dos décadas la motivó una ola, al levantar la embarcación y desnucar al marido de Carolina de Mónaco.

Por este motivo, las manos del piloto deben estar ocupadas en el volante. Los flabs (estabilizadores) y el acelerador son responsabilidad del throttleman. Así las cosas, la pregunta de cuándo dejará de competir sale a flote. Toñejo sonríe. «Correré el maratón de las sillas de ruedas contra mis compañeros de asilo, así que necesito mantenerme en forma para ganarles».

Un barco explosivo
Fue construido en Italia. De la marca Tencara, mide 13,75 m. de largo y 4 m. de ancho. Incluye dos motores Mercury SC 1075, con una potencia de 2.000 cv y una velocidad máxima de 155 nudos (270 km/h, que en el mar suponen el doble). Fabricado con fibra de carbono, evita la partición del barco o una mínima fisura. El peligro de este material es que, al haber aire en el interior de la cabina, si el barco salta muy alto se comprime y puede explotar.