La resistencia de Ópera

Como cada verano, los bares y restaurantes sacan sus terrazas a las calles. Tomar algo al aire libre le gusta a todo el mundo, excepto a los vecinos que no pueden dormir por el ruido y bullicio que se genera. En Ópera, concretamente en las calles Santiago y Milaneses, ésto ocasiona un conflicto entre los dueños de los bares y los vecinos.

El presidente de la Asociación de Comerciantes de Ramales, Francisco Mayordomo, está en contra de que las terrazas de la zona cierren antes de la hora legal
El presidente de la Asociación de Comerciantes de Ramales, Francisco Mayordomo, está en contra de que las terrazas de la zona cierren antes de la hora legal

En un principio, se ha llegado a un acuerdo temporal entre la Asociación de Vecinos de Austrias y la Asociación de Vecinos y Comerciantes de Ramales a Mayor, por el cual los hosteleros de locales con terraza se comprometen a reducir en una hora los horarios de cierre de las mismas. Sin embargo, dos bares de la calle, «La Tentación de Lui» y «La Tremolina», no están conformes con el acuerdo al que se ha llegado.

Manuel Palá, propietario del inmueble de uno de los bares en desacuerdo, así como de más locales de la calle, afirma que para adelantar en una hora el cierre de sus terrazas debe ser el Ayuntamiento, y no los vecinos, quien se lo comunique. Además habla de una competencia desleal en relación a las calles colindantes que «en ningún caso está dispuesto a asumir». También manifiesta no entender las quejas vecinales puesto que en ningún caso el ruido provocado en la calle es tal como para llegar a este punto. Varios comerciantes afirman que se trata de una calle pacífica y tranquila, por lo que corroboran que las quejas son injustificadas.

Por su parte, la asociación AVAUSTRIAS, que es la que representa el malestar de los vecinos, aboga por una tener una buena convivencia y para ello debe haber interés por ambas partes. Según fuentes de un miembro de la asociación, la calle «ha pasado de ser tranquila a convertirse en una calle absolutamente capitalista en la que todos quieren hacer negocio, sin tener en cuenta la tranquilidad y el descanso de los vecinos». La guerra entre quienes están dispuestos a cerrar antes y aquellos que quieren apurar la hora legal, está abierta. Tendrá que ser el Ayuntamiento de Madrid el que tenga la última palabra y decida quién tiene razón.