«Defiendo la caridad: es justicia y solidaridad pero con amor»

Myriam García Abrisqueta visita una escuela de la Diócesis de Jacmel, en Haití, que se mantiene con fondos de Manos Unidas
Myriam García Abrisqueta visita una escuela de la Diócesis de Jacmel, en Haití, que se mantiene con fondos de Manos Unidas

JACMEL (HAItÍ)- En el avión hacia Haití, Myriam lee la liturgia del día de la revista Magníficat. En las montañas entre Puerto Príncipe y Jacmel, pasajera en un coche que desafía la noche y la lluvia torrencial por carreteras de miedo, reza en silencio con un rosario misionero en la mano, un color por continente. Lleva una cruz etíope al cuello, y de hecho fue la única presencia española en el Sínodo africano. Myriam García Abrisqueta es la presidenta de Manos Unidas, mujer de acción y oración y de permanente buen humor, generosa con sus acompañantes en crema antimosquitos y pastillas antimalaria. «Mi viaje a Manaos, en el Amazonas brasileño, que fue mi primer viaje con Manos Unidas, también fue el que más me impactó. Incluso la naturaleza, el río y la fauna eran agresivos, con insectos peligrosos en el calzado, cuando te lo ibas a poner. Y violencia en los barrios de palafitos. Y en la selva, los indios yanomami sufrían de malaria y enfermedades pulmonares. Allí estaban los misioneros, aportando salud y educación: están donde nadie llega nunca, y respetan las culturas que encuentran. Aquí en Haití me impresiona la pobreza, pero también el pueblo, que lucha y quiere salir adelante. Con ayuda, dará grandes pasos», afirma confiada. Como miembro del Pontificio Consejo Cor Unum, tiene a la Curia romana a una llamada de teléfono. Y mantiene ideas muy claras. «A veces, las ONG católicas corren el peligro de disociar su labor social de su compromiso cristiano. No caigamos en esta dicotomía. Lo hacemos por amor, por caridad. Hemos de defender la caridad cristiana y la misma palabra caridad: es justicia y solidaridad, pero con amor, y no sólo con amor humano, sino con el amor de Dios, que Él derrama en nosotros y así llega a los demás. Manos Unidas no dejará de construir el Reino de Dios, de ver a los hombres como hermanos, como hijos de Dios».

 

Tras el terremoto
El arzobispo de Puerto Príncipe, Pierre Poulard (en la foto) recibe a Manos Unidas en un despachito: el terremoto de 2010 destruyó el seminario, la catedral y el edificio episcopal. «Manos Unidas nos ayuda también con su respeto y colaboración con los sacerdotes», afirma el arzobispo.

 

Cifras
4.700 voluntarios
Eso incluye los cargos directivos locales y nacionales; sólo cobra el secretario nacional
95.000 socios
Dan independencia económica a la asociación; por estatutos, sólo admite un 25% de financiación pública