Los Fernandos que cambiaron el cine

Trueba y Colomo cuentan sus orígenes en un documental de Chema de la Peña

Ladoire y Colomo (detrás), en sus comienzos
Ladoire y Colomo (detrás), en sus comienzos

Corrían los años setenta y la única palabra soez que podía sonar en un cine era «puñetas». Con este panorama, los Fernandos, es decir, Colomo y Trueba, estudiaban cine, aunque pasaban más horas en las proyecciones y en los bares que en las aulas. Antonio Resines, Imanol Uribe, Óscar Ladoire y Joaquín Hinojosa también andaban por ahí. Sin proponérselo y, desde luego, sin un duro, se pusieron a hacer cortos. Con la inocencia de sus veintipocos años, se empeñaron en imitar a sus ídolos de la Nouvelle Vague y les salieron gamberradas visuales como el corto de Colomo «Pomporrutas imperiales». «En ese momento había una ausencia de cine personal», asegura el realizador. «Un cine como tú en un país como éste», de Chema de la Peña, es el documental presentado ayer en la Seminci que cuenta cómo estos disidentes cinematográficos cambiaron el cine español.

Y bocadillos
Con la Transición en marcha, escribían y rodaban compulsivamente, aunque ninguno sabía muy bien lo que hacía: «Como yo era el más organizado, me convertí en el productor. Me encargaba de que el día anterior al rodaje nadie se emborrachara y de comprar los bocadillos», explica Resines durante el documental. Después, encontraron a su musa, Carmen Maura, tan joven como ingenua, y rodaron el primer largometraje, «Tigres de papel»: «Tenía pocas localizaciones y los actores hablaban mucho para que fuera barata. No era una comedia, pero en la proyección de San Sebastián el público se reía sin parar. Carmen se ofendió, pensó que se burlaban de nosotros», dice Colomo, quien rodó también «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?», además de convencer a Trueba para que hiciera un largo.
Era «Ópera Prima» y su estreno fue un desastre: «El exhibidor nos dijo que habíamos batido un récord: nunca habían recaudado tan poco el día de un estreno», explica Colomo. Pero el boca a oreja funcionó, y, después de una semana en cartel, la sala se llenaba en todas las sesiones. «Ya habíamos celebrado el fracaso con champán y, de repente, se convirtió en un taquillazo. Llegó a estar seis meses en cartel», comenta Trueba durante la cinta. Ahora todos ellos son directores y actores consagrados, pero algunos se lamentan de los mismos males: «No creo en la industria del cine español. No la había, no la hay ni la habrá. Sólo creo en sus artesanos», dice Trueba.