Copa del Rey

El Barça anestesia

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Siguiendo la costumbre, el Barcelona se adueñó del balón y dejó al Deportivo reducido a misión defensiva. En su dominio había más rémoras que otras veces porque Guardiola dejó al equipo sin mando en plaza porque a Xavi lo sentó en el banquillo. La banda derecha tampoco tenía la peligrosidad de costumbre porque Adriano no es Dani Alves, quien también estuvo de espectador, y también sentó a Busquets.
La superioridad barcelonista tardó en traducirse en algo práctico. Hasta el minuto 26 no disparó a puerta. Lo hizo Villa, quien había estado desaparecido en combate, y batió a Aranzubía. El fútbol con mucha posesión, si no crea ocasiones de gol, carece de emociones. Durante todo el primer tiempo la única ocasión fue justamente la que aprovechó Villa. Sin la dirección de Xavi, Messi tuvo menos protagonismo porque cuando intentó sus jugadas inimitables se topó con tres defensas cortándole el paso y sin apoyos para intentar la pared. El libre directo, que valió el segundo gol azulgrana, fue su sello de calidad.
El Deportivo dejó todas sus esperanzas en los contragolpes en que pudiera intervenir Adrián, el jugador en racha goleadora del equipo. Su escasa capacidad de ataque se demostró en el hecho de que el primer tiro a puerta, y fuera, llegó casi al final de la primera mitad.
El segundo tanto barcelonista fue inyección de anestesia. El fútbol se limitó a la posesión barcelonista en pases horizontales y la modorra coruñesa. Cuando la grada ya estaba dormida, Pedro e Iniesta la despertaron. Hubo que esperar a que llegara la inspiración, pero mereció la pena.