Telma Ortiz tardará 15 días en recuperarse por Jesús Mariñas

Mientras muchos continúan estupefactos por la inesperada boda de Telma Ortiz y Jaime del Burgo, la hermanísima volvió a la Clínica Teknon de Barcelona donde Ramón Cugat le está tratando la rodilla. El doctor también se ha ocupado en otras ocasiones de Pujol, David Villa, Fernando Torres y otras glorias azulgranas. Está especializado en los meniscos y cuida a Telma tras la caída que sufrió mientras esquiaba en la norteamericana Aspen, el paraíso de los «millonetis», que le ocasionó la fractura de la rodilla hace quince días, cuando nadie sospechaba su sorprendente «sí, quiero» en tierras de Leyre. Parece que lo decidieron dos días antes y resultó soprendente la ausencia de casi todos sus familiares y la sola presencia de un matrimonio íntimo de Barcelona al que Telma conoce a través del colegio en el que estudia su hija Amanda, el San Peters School de Pedralbes, donde paga casi 900 euros con su sueldo municipal de apenas 2.800. Aunque me aseguran que «hace dos viernes pidió la baja laboral», no abandonará el Ayuntamiento de Trías hasta dentro de quince días, el mismo tiempo que han estimado que tardará en recuperar su rodilla.

Resultó sorprendente cómo reaccionó la hermana de la Princesa de Asturias dando las gracias ante las felicitaciones de los fotógrafos que la vieron tras contraer matrimonio.

La boda fue el runrún incesante durante la entrega de las medallas que conmemoran a San Isidro. La cita parecía una verbena de la Paloma casi confrontadora: desde el ahora apacible Fernández Tapias con Nuria –ella desmiente que su hermana Yolanda, a la que conozco bien, tenga relaciones más allá de amistosas con Carlos Herrera–, a un Carlos Goyanes emparejado a Simoneta Gómez-Acebo, cuyo peinado no era nada apropiado para la soleada mañana. José Utrera Molina, suegro del ministro Gallardón, que se repone de una fractura de cadera, se apoyaba en un puño de plata y en su solapa lucía una insignia legionaria bien observada por Antonio Pernas, también fiel al uniforme.

Reapareció el restaurador José Luis tras su afección renal ante un rozagante y enamorado Miguel Buesa, que formó un castizo tándem con el pimpante Lucio. Son emblemáticos del buen comer madrileño como Manolo Santana, de juventud deportiva ahora reforzada por su exótica pareja. Ya es su cuarta esposa tras María Fernanda, Mila Ximénez y Oti. Por su parte, Begoña Trapote lució unas sedas multicolores y anillos de diferentes oros, bien observados por el venearado padre Garralda, que puso de pie a una Eugenia Martínez de Irujo tan abotargada como su hermano Fernando, la cara amable de esa familia ducal que siempre está a la gresca.