Gene Kelly con paraguas y corbata de lunares en el Real

La lluvia hizo acto de presencia en la Feria. El Consistorio cifra en un 10% menos la afluencia, con una ocupación hotelera media del 70%

Sevilla-En Japón –el cónsul que ha estado por aquí puede dar fe– se celebra la fiesta del hanami, el cerezo en flor, como un acontecimiento espiritual. Su belleza y brevedad constituyen el símbolo de los días más felices de una vida. La Feria de Abril es cada vez menos breve, arrancando de facto un fin de semana antes de la «oficialidad», y va perdiendo ese puntito. Tampoco es un lugar para encontrar la paz, que está a 3.700 metros de altura, en Bolivia. Menos ayer, que, con la lluvia, que hizo acto de presencia llevándose por delante los farolillos de muchas calles –cinco días puestos, todo un récord–, el respetable corría a buscar cobijo en las casetas, tras días donde el paseo por el albero –«tiesitud» obliga– ha sido el deporte más practicado.

La cosa está tan mala que hasta Guardiola parece que se queda sin trabajo, se rumiaba en la Feria a mediodía, mientras paseaban moteros de paso hacia Jerez, como Peter Fonda o Dennis Hopper en «Easy rider». Los datos de la Encuesta de Población Activa (30,12% de paro en Sevilla), la rueda de prensa del de Santpedor y el balance del Ayuntamiento sobre la Feria, prácticamente, coincidieron en el tiempo y en las conclusiones. Pensamos que se había tocado suelo. Pero existe el subsuelo; y lo que te rondaré, morena. En Sevilla, incluso, en el subsuelo se pueden encontrar largas colas para entrar en el metro. Las traiciones son subterráneas.

La caseta más bonita de la Feria, según dicen y premió el Ayuntamiento, está en Juan Belmonte, 37. En Pascual Márquez, todo lo contrario, se puso la cosa tan fea que, con la rapidez del neutrino, el presidente optó por desmontar la caseta en plena fiesta, hasta que, finalmente, los socios se comprometieron a pagar sus deudas, más nerviosos que el ginecólogo de Scarlett Johansson.

El Ayuntamiento habló de un 10% menos de afluencia en el recinto ferial, teniendo en cuenta la recogida de residuos. Tan mala está la cosa que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, ya habla de eliminar el «númerus clausus» para no limitar los enganches. La ocupación hotelera ronda el 70% de media y se espera que llegue al 85% el fin de semana, con la activación de un AVE –que ha cumplido 20 años, como la Expo– cada media hora. A los madrileños nos encomendamos. «La gente está bajando a partir de las 17:00 y tras la cena», señaló Serrano. Y eso que aún no ha subido el IVA.

El pasado jueves se saldó con 35 riñas, ocho personas detenidas –destaca un caso de violencia de género y un conductor que eludió un control policial con una moto robada, arrestado en el peaje de Las Cabezas–, 82 conductores cazados al volante ebrios y una intoxicación alimenticia que afectó a siete personas. Las tortillas, en ocasiones, las carga el diablo.

La Policía Local efectuó 143 pruebas de alcoholemia, con resultado positivo en trece casos. Se levantaron 19 atestados y se detectaron 194 infracciones de tráfico. Los sanitarios efectuaron 217 asistencias, siete con traslado al hospital. Los operarios de Lipasam recogieron casi 250.000 kilogramos de basura, un 10% menos que el pasado año. Los aparcamientos públicos alcanzaron una ocupación del 70, 90, 80 y 76% (el del Charco de la Pava). Tussam transportó a122.594 pasajeros, un 2,2% menos que el mismo día de la Feria pasada. La cifra total de viajeros de Tussam sobrepasa ya los 609.500, un 16% más que en 2011. El metro, desde el inicio del operativo especial de Feria, el pasado sábado, hasta el 25 de abril, ha transportado a 448.613 usuarios, un 31% el miércoles, cuando se colapsó el servicio. La Agencia de Obra Pública de Andalucía precisó que ese día el metro desplazó a 138.897 personas, un 160% de incremento en relación al volumen de un día laboral ordinario. El martes fue el segundo día con más pasajeros,120.152.

Por no haber, esta Feria no hay ni un muñeco paradigmático. La corona de Bob Esponja, Pocoyó o Chin-Chan queda vacante. De camino al Real, se dejó ver a algún mimo haciendo lo que el Ayuntamiento, pasando de la impostura a la no-postura, en el conflicto de la Torre Cajasol con la Unesco. «El Charló». «El fútbol me enseñó que a la belleza casi siempre le ponen zancadillas», escribió Andrés Neuman en «Una vez Argentina». A Chari López, gaditana de Prado del Rey, cuando iba a coger un taxi el miércoles, «una gitana» le «metió una hostia». En la ciudad de la guasa, caminaba escribiendo por el «WhatsApp» y se coló «sin darse cuenta». Ayer salió, en teoría, «a tomar cafelito» a la Alameda, con Manu Miura, nazareno emigrado a Liverpool y ahora de vuelta, y Peter Law, natural de donde los Beatles; y acabaron en el Real. Una vez en la Feria, el visitante, con o sin lluvia, sólo necesita emular a Michael Phelps: «Una calle es todo lo que necesito». Roma locuta, causa finita. Y si llueve, se baila bajo la lluvia. Gene Kelly, Donald O'Connor y Debbie Reynolds, con corbatas y paraguas de lunares.


EL TREN DE LA BRUJA
por Lucas Haurie
Petardo con premeditación

Un par de chicuelinas, tal vez fueron tres, al sexto que no pudo torear antier López Simón. Eso es lo único aprovechable que ha dejado la Feria de Morante, Domingo de Resurrección incluido. Se lo pone complicado a sus partidarios, como el estado de Israel imposibilita a veces su defensa. A menudo, le coge asco al toro enseguida, en cuanto lo ve asomar por chiqueros. Nadie puede reprocharle que, a despecho de las protestas, acorte la faena. Pero sí son censurables los navajazos tabernarios que, a la hora de matar, propina en los costillares. Ahí hay mucha alevosía y ninguna gana de estoquear a la verdad. La genialidad no está reñida con la honradez.

«Tematización»
Le tomo el palabro prestado al concejal andalucista que tuvo la ocurrencia de convertir el centro de Sevilla en un parque temático. Aquello fue un disparate pero esta era de insensatez lo ha terminado por convertir en un visionario. Visitas guiadas por el Real en las que los sevillanos aparecen como atracción para el turista, como los bosquimanos en taparrabos que se visitan en los safaris. Dan propina a quienes bailan sevillanas. Todo vale para sacarle los cuartos al guiri despistado, una redundancia en la privadísima fiesta que es la Feria. Se pueden prostituir los cuerpos pero también las esencias. Y uno no sabría decir qué resulta más degradante.