«La última estación» Tolstoi guerra en la paz

Dirección y guión: Michael Hoffman, a partir de la novela de Jay Parini.Intérpretes: Christopher Plummer, Helen Mirren y Paul Giamatti. Alemania/Rusia, 09. Duración: 112 minutos. Drama histórico.

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«Todo lo que sé sólo lo sé porque amo». Leon Tolstoi, desde luego, amaba: a su esposa, la temperamental condesa Sofía, con quien estuvo casado casi medio siglo y de la que concibió trece hijos aunque se les murieron varios muy jóvenes. Precisamente, «La última estación», realizada por el inestable Michael Hoffman («Restauración», la divertida «Escándalo en el plató»), intenta abundar en la historia de esa pasión mayúscula durante los años postreros del novelista (delicadamente interpretado por Chistopher Plummer), cuando,de manera súbita, renuncia a todo (propiedades, título nobiliario, familia, hasta a unos pantalones decentes) por la religión que acaba de crear en favor de la «resistencia pasiva», el vegetarianismo, la pobreza y el celibato. Sofía odia la radical decisión de Tolstoi, pero, sobre todo, a Vladimir Chertkov, el discípulo aventajado del escritor, porque lo convence para que redacte un nuevo testamento por el que lega todo su glorioso legado al pueblo ruso. Octogenario y enfermo, la relación con Sofía se deteriora tanto que decide huir lejos de ella junto con un nuevo ayudante, Valentín Bulgakov, joven, cándido, leal, confuso. Hoffman intenta inyectarle al filme el mismo tozudo ardor de Sofía, el ímpetu quebradizo de este viejo Tolstoi que insiste en pasar, también, a la historia como líder filosófico. Y aun cuando contaba con un ramillete de espléndidos actores y que la cinta posee, ciertamente, un aire tolstoniano, el retrato del novelista queda incompleto y desdibujado, suena superficial. El Tolstoi de Hoffman parece un pobre anciano que chochea, no el intelectual asustado ante la muerte que sostiene con todas las fuerzas que todavía tiene la idea de que Dios habita en cada ser humano. Sí: el autor de «Guerra y paz» merecía una defensa más ardiente.