La cama por María José Navarro

Pajín debería preocuparse por algo más que si se hace o no la cama
Pajín debería preocuparse por algo más que si se hace o no la cama

Hola, me llamo María José Navarro y yo tampoco hago la cama. Ojo, no me la hago y, sin embargo, no tengo ni pizca de mala conciencia. Todo lo contrario: tan pancha. Cuando vivía sola, jamás. Cuando compartía piso, depende. Si se veía la habitación desde la entrada, vale. Si no se veía, nunca. Si la puerta del cuarto tenía llave, aquello era una charca con gorrino. Si no la tenía, también. Nunca se sabe qué compañero aprovecha tus ausencias, así que mejor no dar argumentos para ocuparla. Y cuando ya me hice una mujer de aquellas a las que dicen señora por la calle, mucho menos.

Cuando regreso del curro es de noche y todos los gatos son pardos. No es que esté defendiendo servidora la suciedad ni la vocación de haragán, pero a quién no se le ha pasado limpiar los baños cuando tocaba según la agenda del piso. Yo suelo (incluso ahora que se supone que tengo más años que un cerro y que el amoniaco relaja) mirar hacia otro lado cuando la loza se acumula (sobre todo si hay un bol de mejillones en escabeche por limpiar) y acostumbro a quitarme las gafas frente al espejo para esquivar los dedacos que se imprimen en los bordes.

No soy mujer de fregoteo, qué quieren que les diga, y eso que me las doy de ser más limpia que los chorros del oro. Pero soy vaga, dejada, atolondrada y olvidadiza. Y tengo más cara que espalda, así que, si es el prójimo-próximo el que carga con el pastel, canto bingo. Y podría seguir contándoles que no sé lo que es planchar, pero me temo la furia de Leire Pajín y ya no sé si es mejor contar que no plancho o que plancho, porque si plancha la amiga que me ayuda en casa tres horas a la semana, igual les descubro a Vds. una burguesa inaceptable y a ella también.

Todo esto viene a cuento porque Rajoy estuvo el otro día en el programa de mi admirado Javi Nieves y de Mar Amate y tuvo que responder a las preguntas de los niños a los que encuesta el gran Antonio Jimeno. Y Rajoy reconoció (con mucha gracia) que no, oiga, que hace algún lustro que no hace la cama. Lejos de parecerme algo imperdonable, quisiera pensar que, dada su condición y sus obligaciones, ni la mujer de Rajoy ni la propia Pajín hacen su cama. Y sería lo normal. Señora ministra: fije el objetivo. Hay un montón de asuntos contra el PP, de verdad, pero, en ningún caso, esta gilipollez.