Tragedia griega por Blanca Basiano

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Ni el mismísimo Esquilo lo hubiese escrito mejor. La historia de Garzón en el banquillo cada vez se parece más a una tragedia griega. O mejor dicho, a una trilogía que bien podría titularse «Garzón: las escuchas del Gürtel, los crímenes del franquismo y los cursos en Nueva York». Es cierto que las dos primeras obras están inacabadas y que la tercera entrega no se ha empezado a escribir pero, a este culebrón judicial, no le falta detalle. Hasta tiene su propio coro de incondicionales que amenizan, con pancartas y banderas, las apariciones del juez estrella en todos y cada uno de los actos teatrales. Ayer, el Supremo bajó el telón del segundo juicio. A falta de desenlace, volvimos a escuchar la rasgada voz del protagonista despojado de su toga «mágica». En su última palabra, con algo de dramatismo, no dudó en asegurar, aludiendo a Kant, que su conciencia está tranquila y que tomó las decisiones ajustadas a derecho. Se lo dijo a los siete magistrados que le juzgan y que, a modo de «Los siete contra Tebas» de Esquilo, serán los que decidan su futuro. En este caso, el drama de Garzón puede acabar en 20 años de inhabilitación. Es lo que pide la acusación, que afirma que el juez prevaricó continuadamente y actuó por motivaciones ideológicas al iniciar las investigaciones sobre los crímenes del franquismo. Pero el desenlace de esta trilogía aún puede ser más aciago si la tercera entrega, la de los cursos en Nueva York, termina con el protagonista entre rejas por algo tan feo como es el cohecho impropio. Será la justicia la que decida si esto es o no una tragedia griega.