James Ellroy: «Estoy en guerra contra el mundo»

El novelista escribe un libro sobre la contienda europea de 1939 donde evoca a su madre, que fue asesinada 

James Ellroy. El maestro de la novela policiaca. Dios con camisa hawaiana y gafas contra la miopía. «Perro malo», gruñe con el entrecejo arrugado; «perro malo», repite en un español fronterizo, de boxeadores mexicanos, mientras te mira a los ojos. Reside en LosÁngeles, pero él vive en la década de los cuarenta. «La dalia negra», «L. A. Confidential», «América». Son sus libros. Historias violentas, no aptas para gente púdica ni a dieta.
–Sus diálogos son cortantes y exactos como un bisturí.
–El lenguaje tiene que ser perfecto. Paso mucho tiempo a oscuras, pensando, escuchando música. El sonido de las palabras es importante también. Tiene significados. Mis novelas se pueden recitar y leer en silencio. De las dos maneras.
–No le gusta el poder.
–No me fío del poder, ni de las revoluciones, y mucho menos de los que buscan alcanzar el poder.
–Usted conoció bien los sesenta.
–Eso, más que una revolución, era una reunión de jóvenes gilipollas y fracasados.
–¿Qué aprendió de esos años en los que bebió y se drogó?
–Que no debes ni beber ni tampoco tomar drogas. Tuve los ojos bien abiertos y cultivé un gran sentido de la individualidad.
–También pasó por la cárcel.
–Estuve en la cárcel, pero no sufrí prisión. De ahí te enseñan a que debes obedecer la Ley, no robar, no matar y respetar a la autoridad.
–Pues no le veo así.
–(Risas). En el fondo me gustan los valores. Soy creyente. Creo en Dios, y me gusta la Policía. Trabajo de una manera activa en su museo de L. A.
–Le gusta el orden.
–EE UU asumió en los 60 la locura de la permisividad y salió con un gran concepto del orden social y las ventajas de respetar la Ley. Confío más en la Policía que en los políticos.
–Desconfía de los otros.
–No me gusta el mundo exterior. Estoy en guerra con el mundo exterior. Hoy estoy aquí, mañana en Londres. Me gusta, pero no existe nada como mi casa. Ahí estoy cómodo, en mi interior, pensando. Con Beethoven. No tengo internet ni ordenador. Eso son cosas que forman parte de un mundo que desconozco. No leo revistas ni críticas sobre mis obras.
–Pero usted devoraba libros en su juventud.
–No he vuelto a leer en más de treinta años. He leído con pasión. Aprendí a escribir leyendo y escuchando música. Ahora sólo escribo los míos. Estoy agradecido por ello.
–Asesinaron a su madre cuando era joven. ¿Cómo le marcó?
–En mi nueva casa de estilo español hay un retrato de ella. Es una fotografía de estudio de 1939. Un amigo quiere dibujarla. Asegura que nuestra relación continúa. Yo la voy a evocar en un personaje de ficción de mi siguiente novela.
–¿Cuál es?
–Está ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Es la continuación del cuarteto de Los Ángeles. Tendré que tratar en esta ocasión con personajes más jóvenes.
–¿Qué personaje le gustaría ser?
–A mí lo que me gustaría es ser un soldado, luchar en la Segunda Guerra Mundial matando alemanes y japos. Llegar a París y acostarme con Ingrid Bergman. Luego, regresar a casa. Una muy grande. Comprarme un Pitbull feo y muy malo. Y liarme con Joan Crawford. Y después con Veronica Lake.
–¿Y un boxeador?
–No, aunque mi padre me enseñó.
–¿Qué opina de los que extraen lecciones morales de sus novelas?
–Tengo un gran sentido de la moralidad, aunque escriba libros policiacos, de crímenes y muy violentos. Pero todo eso sale de la década de los cuarenta y los cincuenta. Aunque, en el fondo, soy normal, me gustan las cosas corrientes, los coches, el dinero, las mujeres, y tengo un sentido de la identidad americana muy fuerte y me encanta.
–Y una gran fuerza de voluntad, como ha dicho alguna vez.
–Todos mis libros proceden de ahí. Son creados por la voluntad y, también, abdicando mi voluntad en favor de la de Dios. Cuando escribo me centro en las tram y en la historia del país de cada momento. En esos periodos que le he mencionado con anterioridad. Ahora viviré inmerso en el periodo de la guerra europea. Yo estoy muy agradecido por este don que tengo de contar historias y podérselas entregar al mundo.
–Usted, que tanta debilidad siente por las conjuras, ¿no ha creído alguna vez que la vida es una conjura de Dios?
–(Risas). Sí, en el fondo todo lo que sucede es premeditado. Existe un plan, como en mis novelas de setecientas páginas que preparo detenidamente. Pero Dios sabe lo que va a suceder desde el nacimiento hasta la muerte.
-Sus libros han evolucionado desde la novela policiaca de sus orígenes hasta hoy.
–Todos los que escribo provienen de los conocimientos que tengo de la historia de América, de los grandes acontecimientos que han repercutido a lo largo del siglo XX en nuestra historia. Lo que yo hago es extrapolar esa vida real a una de ficción.
–Pero ahora casi son obras de carácter histórico.
–Sí, casi son novelas históricas. Pero eso ha sucedido porque no tenía un suficiente marco, uno amplio, para encuadrar las historias que deseaba contar. Necesitaba algunos antecedentes sociales, más grandes.
– ¿Hay una confabulación para no contarnos la verdadera historia?
–Sí creo en las conjuras, pero no que haya otra historia alternativa. Sin embargo, en esta ramificación he encontrado la oportunidad de contar mi propia historia, porque la historia, en el fondo, no es más que la posibilidad que se nos ofrece de revisarla.
–Una pregunta relacionada con la actualidad, aunque no le gusta la actualidad. ¿Qué opina de la reelección de Obama?
–Obama es un marica. Yo he votado por Romney.